1976.- Aprobado una semana atrás, esta vez es publicado el decreto 253/976. Nuestra referencia anterior no impide que recordemos que dicha decisión del Ejecutivo, que todavía aparecía disfrazado de Juan María Bordaberry, reglamentaba la autorización de la destrucción de documentos en todos los organismos públicos, si eran de poca relevancia, y aquellos que la tuvieran debían ser microfilmados.
Es cierto, los tiempos cambiaban y los papeles estaban perdiendo su importancia más allá de llenar cuanto lugar de cuanta oficina estuviera libre. Pero poco se sabe de esa quemazón y de la filmación.
Por muchos años quedaron ocultos crímenes de la dictadura. Ahora, de a poco, están apareciendo microfilmes, quizás algunos con algo que ponga claridad a aquella negrura de la tiranía.
Mucha ceniza se perdió bajo los puentes por más que se dijera que todo debía filmarse "sin alteraciones". Lo que fue cumplido al pie de la letra. No se falsificaron, simplemente no aparecieron en su momento. No hubo alteraciones. Hubo desapariciones.
Pocos días después, vendrá el secuestro de Michelini, Gutiérrez Ruiz, Liberoff, Whitelaw y Barredo.
También en pocos días más se producirá la desaparición de Juan María Bordaberry a quien le despiden quizás por ser más militarista que los militares.
1983.- Montevideo, la de antes, mantenía por lo menos dos baluartes de pasados más dorados, el Carrasco Hotel, que en el 2008 tiene a cuatro empresas multinacionales buscando su puesta a punto, y el Parque Hotel, que más o menos se mantenía como Casino y nada más. Pero hubo un algo más. Fue el entorno donde se realizaron las primeras conversaciones en serio entre los dictadores y los políticos.
Un gran salón con cuatro mesas es el escenario de las negociaciones entre diez de los relevantes de la dictadura contra ocho de los partidos. A la derecha, sin pensamientos negativos, los representantes del Partido Colorado, con Julio María Sanguinetti y Enrique Tarigo, al centro los cívicos Juan Vicente Chiarino, Julio Daverede y Humberto Ciganda, y a la izquierda, sin buscar connotaciones raras por favor, los blancos con Juan Martín Posadas, Gonzalo Aguirre y Fernando Oliú. El Frente Amplio, todavía, seguía siendo un desconocido interlocutor. Puede llamar la atención la especial consideración por los cívicos, un partido que se había derrumbado casi totalmente pero que tenía tres representantes por dos de los colorados aunque su caudal electoral fuera muy menor.
En la mesa tutelar, la de los profesores que debían examinar la buena voluntad y la legitimidad de esos civiles admitidos, entre los verdes del Ejército, Julio Rapela, que actuaba como presidente, Yamandú Trinidad, Jorge Bazzano, Hugo Medina, Germán de la Fuente y José Siquiera. Por los navales, Jorge Fernández y Ricardo Largher. Por los del aire, Heber Pampillón y Fernando Arber.
El primer día, este 13 de mayo, los civiles salieron muy serios, casi cabreros, porque los que mandaban en el país solo presentaron como novedad el mismo proyecto de reforma de la Constitución que se había plebiscitado en 1980 y que les había sido negada por amplio margen. Los criticones debieron pensar que era simplemente "un tira y afloje" para saber hasta dónde los políticos iban a ceder.
Continuarán hablando otros días pero al final del mes las negociaciones se frustran.
Todavía era tiempo donde los dictadores tenían la sartén por el mango por lo que harán conocer a la civilidad en general por qué razón fracasaron esas conversaciones. Y los culpables, claro, eran esos representantes de la vieja política, que seguía impregnada de los mismos vicios por los cuales ellos dieron el golpe de Estado.
1980.- Nace Gelsi Ausserbauer, periodista, muy responsable de esta sección Comunidad, en el diario encuentro con LA REPUBLICA.
" Obra de manera que la razón de tus actos pueda servir de ley universal". Immanuel Kant.
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