El gracioso intermedio, escrito por Vincenzo De Vivo, cuenta la historia de un empresario italiano a quien no se le ocurre mejor idea que tratar de convencer a Bach para que escriba una ópera (notoriamente y al contrario de todos los músicos de su época él no compuso nunca nada para el teatro).
Pero el adusto Johann Sebastian, como ya le había advertido al empresario la segunda esposa del compositor, Anna Magdalena, rechaza de plano la idea y le sugiere que contrate a su hijo menor, Johann Christian, que anda por la casa rasgueando un violín y poniendo nervioso al italiano.
El empresario termina huyendo espantado de la cacofonía que reina en la casa (con todos los hijos de Bach tocando varios instrumentos en gran confusión); pero apenas cierra la puerta tras de sí, el supremo orden musical vuelve a reinar con el inicio del concierto para dos violines y orquesta del dueño de casa.
La operita es más que nada un juego musical que adopta el género del intermedio cómico inventado por los italianos en el siglo XVIII para contar una mínima trama con el material fabricado en dos siglos y medio de historia por los compositores europeos.
Remembranzas de Haydn, Mozart, Rossini, Verdi y Puccini aparecen de repente en la obra (cuyo título es un juego de palabras con la pronunciación italiana de Bach Haus y el apellido del famoso pianista bachiano Wilhelm Backhaus).
Michele Dall'Ongaro, nacido en Roma en 1957, estudió composición con Aldo Clementi y es un programador y animador musical muy conocido que trabaja para la difusión de la música contemporánea en Italia y el extranjero y escribe música para teatro y TV.
También se ha ocupado del análisis musical de todas las óperas de Giacomo Puccini (quien predomina en la inspiración melódica de Bach Haus) y es sobre todo un compositor con un raro y poderoso sentido del humor.
El trío de intérpretes, el barítono Georg Lehner (Bach), la soprano Frederique Friess (Ana Magdalena) y el tenor Nicola Pamio (el empresario), que ya se habían "calentado" con una deliciosa interpretación escénica de la Cantata profana del Café del mismo Bach (lo más parecido a una ópera que haya compuesto el genio de Eisenach), pareció divertirse mucho con el espectáculo, lo mismo que el público no demasiado numeroso que concurrió al Teatro Nacional, aledaño a la Opera de Roma. En síntesis, un delicioso homenaje al grande genio de Bach que bien merece pasearse por todos los teatros del mundo.
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