Domingo, 05 de agosto, 2001 - AÑO 9 - Nro.550
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Una forma de mirar

Cuatro años atrás Alvaro Buela se reveló como director en "Una Forma De Bailar" primer filme de este escritor y periodista. Ahora en el proceso de prepararación de su segundo largometraje, Buela habla de sus ideas sobre el cine uruguayo y del momento cultural del país.

 Alvaro
Buela y el momento actual de la industria cinematográfica: "No creo que se pueda
hablar de cine uruguayo".
Alvaro Buela y el momento actual de la industria cinematográfica: "No creo que se pueda hablar de cine uruguayo".

ANDRES TORRON

 

Dicen que entrevistar a un periodista da mala suerte. Supersticiones del ambiente. Pero lo cierto es que al final de esta larga conversación el grabador se quedó sin pilas.

Periodista cultural de larga actuación en el medio --incluso en este diario, del que dice guardar un muy buen recuerdo-- actual integrante del equipo coordinador de El País Cultural, Buela se dio a conocer como director cinematográfico cuatro años atrás con "Una Forma de Bailar". La película, pensada en un principio para el formato televisivo se convirtió inesperadamente en un éxito de taquilla en el cine. Muchos se identificaron con su protagonista, interpretado por Leonardo Lorenzo, un treintañero más en su lucha por encarrilarse en la vida adulta. Ahora el realizador, tras ganar la pasada edición del FONA, se halla en el proceso de preproducción de su nuevo filme, La Señal.

"En el verano empecé a trabajar con las escenas, a afinar el ritmo. La idea estaba, lo que faltaba era el desarrollo de la puesta en escena" --cuenta Buela--. "A pesar de que es algo que se hace en el rodaje, a mí me gusta trabajarlo desde el guión. Yo mismo dibujé el storyboard y fui haciendo un trabajo simultáneo de reescritura de guión y puesta en escena. Dibujé plano a plano la película y eso me sirvió mucho para ver qué cosas funcionaban, qué cosas estaban trancadas, cómo dos planos pegaban bien o no. Cuando tuve todo pronto, volví a la escritura definitiva que terminé hará tres meses. A lo largo de todo el proceso he estado teniendo charlas esporádicas con todo el equipo. Todavía falta el casting, falta buscar locaciones. Pensaba filmarla en agosto pero ahora me estoy haciendo a la idea de dejarla para el año que viene. Todavía nos falta algo de plata que la estamos buscando, presentándonos a algunos fondos en el exterior".

--Cuando comenzaste a idear Una forma de bailar, ¿ya pensabas que ibas a dirigirla?

--Cuando llamé a Natacha López, que es la productora ejecutiva de Una forma de bailar y también de La Señal, estuvimos buscando en principio directores para el guión. Ella fue quien sugirió que yo lo dirigiera, ya que el tema era tan personal. Al principio me pareció una locura, pero, bueno, me largué de atrevido e irresponsable y aprendí muchísimo.

--Generalmente la gente que ha hecho películas en Uruguay viene de escuelas de cine o del mundo de la publicidad. No es tu caso.

--No, yo venía del periodismo, de la crítica. Pero siempre digo que hay una continuidad entre el espectador salvaje que fui cuando niño y adolescente, que se empezó a interesar y estudiar, que después escribió de cine y el que después se metió a hacerlo. Para mí son vasos comunicantes. Y también siempre digo que las películas y lo que escribo son para el espectador que soy . La formación está en el espectador, siempre. Y así como voy evolucionando como espectador, por suerte, espero seguir evolucionando como director si es que hago más películas.

--Se dice que escribir, escribe cualquiera, pero dirigir pareciera precisar otros conocimientos técnicos...

--Escribir, escribe cualquiera lo cual no te convierte en escritor. Dirigir, dirige cualquiera también. La prueba está en ciertos engendros que andan en la vuelta. Uno se asombra en Uruguay mismo cómo hay gente que puede con tanta irresponsabilidad y sin tener rigor ni conocimientos mínimos --ni vergüenza-- involucrar a mucha gente en un proyecto que no tiene ni pies ni cabeza.

Escribir tiene en común con los otros géneros literarios la soledad. Sos vos y tus ideas, proyectando la película en tu cabeza tratando de contarla. La dirección es todo lo contrario. Es la exposición, el lograr un código común con un equipo en general muy grande, es tensión. Es lograr tratar de ser un motor de muchas cosas. Hay que tener un conocimiento de lo que implica cada paso, de la técnica. Yo no soy un gran conocedor de la técnica pero lo que no sé lo pregunto. Lo que a mí interesa es ser fiel a la idea y confiar en el equipo.

Si algo tengo a mi favor es el haber visto mucho cine, el haber reflexionado sobre cine y el haber leído sobre cine. Cuanto tengo por delante un objeto a filmar y tengo que hacer un recuadro, soy consciente de que detrás mío hay más de cien años de cine.

--¿El cine es para vos una parte más de tus actividades o lo que siempre quisiste hacer?

--Yo veo una continuidad, no veo una ruptura. Veo la línea que une a este que soy hoy con el niño que miraba películas en Durazno y leía libros de ciencia ficción. No lo tengo demasiado formulado, pero creo que lo que quiero es expresarme y compartir. Me gusta compartir cosas que tuvieron algún efecto en mí, servir de mediador, eso es un poco la labor del periodista. Pero en determinado momento el creador me empezó a hacer llamados de alarma y así fue que empecé a escribir textos independientemente del periodismo. El hacer películas se fue dando solo y cuando lo hice me fascinó. Me pareció de las cosas más divertidas y maravillosas que me habían pasado. Proyectar literalmente una idea que se te ocurrió en un momento de tu vida, que gracias a una serie de circunstancias después termina siendo vista por miles de personas, es un proceso fascinante. Más en Uruguay donde no existe un sistema que posibilite eso. No hay acá un sistema de producción al que uno se pueda subir, así que eso se da porque sí. No tengo necesidad de explicar nada, ni de utilizar el hacer películas como plataforma personal o como un medio de vida. Lo planteo como un canal más puro de expresión.

--Se ha hablado mucho a partir de un par de películas que se han estrenado últimamente, de un nuevo cine nacional ¿Te parece posible hablar de cine uruguayo?

--No, no creo que se pueda hablar de cine uruguayo, por varias razones. Primero, porque cuando se habla de cine y una nacionalidad, se habla de una cinematografía, un respaldo de imágenes que avale el término y este no es el caso. Segundo, porque tengo mis dudas si lo que se ha hecho acá hasta hoy es cine o son preparativos para una cinematografía. Hace poco leía una entrevista al escritor Alejandro Paternain en la que hablaba de la poca narrativa que había sobre la época colonial. Eso me dio para pensar en la escasez de relatos que hay a todo nivel en el Uruguay. Si ni siquiera en literatura hay proliferación de relatos, más difícil es que haya en cine donde se necesitan mucho más medios.

Hay una suerte de obturación histórica, que no sé si tiene que ver con la proliferación de críticos o una censura o autocensura. Sólo basta con pensar en lo difícil que resulta hacer relatos sobre la historia del Uruguay, si a partir de una canción de El Cuarteto de Nos hay un proyecto de ley en el Parlamento que impide hablar de Artigas como si fuera una persona. Volviendo a la pregunta, yo no hago películas uruguayas hago películas. Y naturalmente el material con el que cuento soy yo y el medio en el que me muevo, entonces indefectiblemente van a ser películas hechas en Uruguay. Pero no digo que sea cine uruguayo, ni siquiera digo que sea cine.

Cuando vi por primera vez 25 Watts sentí que era lo primero que se podía tomar como cine uruguayo. Sentí que había algo inaugural sin andar diciendo que era inaugural, a diferencia de lo que ha ocurrido siempre. Dejémonos de embromar con fundar algo. Nunca es la primera vez, porque aunque sea la primera película que se filma en Uruguay ya hay cien años de cine atrás. Me parece tan provinciano seguir en eso. Es como querer trasladar al cine lo que no da el fútbol. Es tan mediocre como pensamiento que no da ni para hablar. Hay un triunfalismo idiota y lo peor es que mucha gente que está involucrada se la cree. Lo que me molesta es que se use el cine como excusa y no como fin. Como intermediario para fines políticos, proselitistas o personales. De egocentrismo en definitiva.

--Ego mal aplicado, el hecho de ser artista ya implica un cierto egocentrismo...

--Habría que ver si hay artistas en el cine uruguayo. Yo creo que todavía no. Se usa el término cineasta con mucha ligereza. Por eso yo reivindico algún cine que se está haciendo porque sí, como Los Días con Ana, Llamada para un cartero, Another George y sobre todo 25 Watts. Cosas que se hacen por el gusto de hacerlas y al margen de todo circo. La forma de producción influye en el producto estético. Como se hace una película tiene que ver en cómo queda. Hay una relación intrínseca. Si vos en el proceso de filmar, hacés miles de claudicaciones, se está condicionando el resultado. Hoy es un momento en el que todo es negociable y así quedan las películas, que se hacen para quedar bien con todos, menos con la propia historia, con los personajes y los espectadores. Por eso el cine está perdiendo potencial, porque,porque se hacen películas bastardas. Lo que se ha perdido es la diversidad.

--¿No te parece que pasa lo mismo en la crítica?

--Lo de la crítica me parece más grave todavía. Es inexcusable que un realizador traicione su propia idea, pero la crítica se supone que tiene que ser independiente de todo. Tiene que ser un canal enriquecedor. Y además lleva menos energía que hacer una película, sólo hay que ir al cine y pensar antes de ponerse a escribir. El compromiso es el mismo, porque hay que poner cosas en juego en el momento de hacer una crítica. Los críticos son ahora como cronistas de sociedad. Si alguien se dice crítico debería asumir su responsabilidad personal y social. Su trabajo es pensar, informarse, leer e involucrarse y eso no se hace. No sólo pasa a nivel de cine. El nivel de la prensa uruguaya está en la lona. Viene alguien que dice que ganó un Grammy a la iluminación, cosa que es absurda, y se la comen todos, o casi. Una de las premisas del periodismo responsable que es el chequeo de la información no se practica. Hay un cholulismo atroz. En general, las sociedades admiten la diversidad, el Uruguay no. Si se le suma a eso la globalización y el pensamiento único, decís dos palabras que salen de tu cabeza y no de lo que dicen en la televisión y ya te miran mal.

Pero todo es transitorio y todos los cambios de siglo siempre fueron un desastre. Siempre hubo apocalípticos e integrados. Ahora parecería que faltan apocalípticos. Uno de los males del Uruguay es el consenso, hay una dictadura del consenso. *


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