Domingo, 12 de agosto, 2001 - AÑO 9 - Nro.557
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Horacio Buscaglia habla del silencio sobre la dictadura, de los cambios de conducta, de la falta de proyectos colectivos y de su nueva obra de teatro, que (no tan) casualmente toca todos estos temas.

Rompiendo el silencio

ANDRES TORRON FERNANDO SANTULLO

 

De letrista de Eduardo Mateo a Profesor Paradójico, de hombre de radio a director de teatro, Horacio Buscaglia se ha movido, desde hace más de treinta años por un sinfín de actividades, siempre vinculadas al quehacer artístico y cultural. Su reciente obra Para Abrir la Noche, inspirada muy libremente en la película Reencuentro de Lawrence Kasdan, pone sobre el tapete un tema muy poco frecuentado, el de la vida cotidiana en la época de la dictadura.

Un grupo de amigos se reúne luego de diez años en el funeral del líder del grupo, que se ha suicidado. El reencuentro sirve para rememorar los años de militancia contra el régimen y para contrastar esos tiempos con el hoy, donde todos se han alejado de aquella actitud contestataria.

--Da la impresión de que de la cantidad de cosas que hacés, el teatro es la que sentís más cercana, ¿es así?

--Es verdad, yo hago de todo, es una condición muy uruguaya y muy mía. Cualquier juego me divierte, siempre fui muy hiperactivo. Pero si tuviera que elegir algo me quedo con el teatro. Es donde más siento que cumplo mis objetivos de expresión artística, de propuestas a nivel ideológico y cultural. Escribir letras de canciones que es otra de mis cosas preferidas, tiene que ver más con lo emotivo, con lo afectivo, es algo más personal.

Creo que de todo lo que hago el teatro es lo más difícil. Debe ser una de las formas más difíciles que hay, por eso mismo me atrapa. Estás trabajando con personas, con actores que tienen que expresar lo que vos pretendés que expresen. Como arte me parece de los más conceptuales.

--¿Más que el cine?

--Pienso que sí. En el cine se reparte entre tanta gente la responsabilidad estética, que me parece que el director es un eslabón más. Eso hace más difícil que sea una expresión propia. El teatro sigue siendo un espacio donde las interrogantes del hombre tienen un lugar. Es ahí donde seguimos preguntándonos cosas sobre nosotros mismos.

--¿Cuál fue tu primer contacto con el teatro?

--Fue de niño. Mi tío era el "Guita" Vidal, un reconocido actor y comediante. Allá por los años cincuenta se formó un conjunto similar a la Troupe Ateniense, llamado la Troupe Malvinense, donde estaba mi tío. Y yo salí con ellos haciendo un par de apariciones. Tal vez sea ahí que se me pegó. Después ya vinculado a la música, tocando la batería, me integré al Teatro Circular con Enrique Almada que hacía la música para una obra musical llamada Rapide Hotel, una versión de Irma la Dulce. Yo me integré tocando el redoblante, pero resultó que en un momento precisaron a alguien que en la obra entregara un telegrama a la actriz y ahí fue cuando quedé picado con el bichito del teatro. Ya había quedado muy impresionado por esas épocas, comienzos de los años sesenta, con una versión de Esperando a Godot, donde trabajaba mi tío y dirigía Alfredo de la Peña.

--¿Esta obra tiene un componente autobiográfico?

--La anécdota es una barra de amigos que se reúne después de diez años sin verse porque se suicida el que era el líder de ellos y el que de alguna manera se había mantenido más fiel a sus principios contestatarios, no tan asimilado al sistema. El cambio más grande que le hice a la versión original, es poner a los protagonistas como uruguayos, una barra de los años ochenta, que militó contra la dictadura, como lo hicieron miles y miles. El tema se vuelve más colectivo. Más que autobiográfico hay cosas generacionales.

--Son cosas de las que no se habla habitualmente...

--Eso fue lo que me impulsó a hacer la obra. Sentí inmediatamente después que terminó la dictadura de que nos salteábamos --la intelligentzia y la izquierda en particular-- todo un pedazo de historia que era el que habían vivido los ciudadanos que se quedaron en el país. Todo el análisis fue a partir del exilio o de los presos y no de la vida cotidiana. Que fue quizás la que más ha marcado a todo lo que está pasando hoy. Creo que muchos desencuentros de la izquierda pasan por no haber analizado bien eso. Sucedió por ejemplo, que muchos cuadros intermedios de la izquierda fueron integrados por exiliados o ex-presos. Cosa que trajo muchos problemas, porque no entendían los mecanismos de relacionamiento que se habían ido creando.

--¿No te parece que hay también cierta responsabilidad de nosotros mismos en mantener un silencio tácito sobre esa época, o de abjurar de ella?

--Por un lado veo muy sano, como pasa en la obra, reírnos de aquellos fundamentalismos que teníamos. Pero también es cierto que dejamos de hablar. A ver la obra han ido padres con sus hijos, y me han dicho que eso motivó el que pudieran hablar con sus hijos de cosas que se habían callado.

--A veces parecería que fuimos un país que siempre vivió en democracia, la dictadura fue borrada de nuestra memoria.

--No quiero decir que no me importa lo artístico, pero creo que a esta obra la mueve más un objetivo ideológico. Quiero patear el tablero, poner el tema sobre la mesa. Yo le decía a los compañeros del elenco cuando ensayábamos, que me daba por satisfecho si el espectador salía de la obra y se iba al boliche a hablar del tema. A nivel artístico no hay nada sobre esa época, no hay libros, en teatro los dramaturgos no han tocado el tema. Recuerdo que cuando hablaba de esto hace diez años, me decían que estábamos muy cerca, que necesitábamos distancia para abordar el tema. Ahora hay tanta distancia que ya no nos acordamos más. Sin embargo --es un fenómeno extraño-- nos ha pasado con públicos muy distintos, que todos salen emocionados del teatro, aun aquellos más jóvenes que no vivieron en esa época. Esto quiere decir que hay una necesidad de hablar el tema, pero por alguna razón hay un freno.

La izquierda es responsable, no ha hecho un buen análisis de esto. No hay un libro que hable de la vida cotidiana en la dictadura. Nunca se ha hablado de las formas que había de sortear la censura, por ejemplo en el canto popular. Cómo abusábamos de la entrelínea en grados superlativos. Y las cosas que entendía la gente. Siempre me acuerdo de Juan Peyrou cantando "Vieja Viola". Cuando cantaba la parte que dice "tantas veces bajo el brazo de la zurda..." el público estallaba en aplausos, porque decía zurda. Son cosas que son parte de la historia. El combate cultural que se dio en Uruguay, creo que no pasó en ningún otro lado.

--Parecería que la izquierda no ha podido orgánicamente discutir eso. Es como que se aggiornó dejando de lado la discusión...

--Yo recuerdo cuando hice la campaña de publicidad del Profesor Paradójico en 1989. Cuando se terminó y la izquierda logró la Intendencia de Montevideo, me hicieron un reportaje aquí mismo. Yo dije: "ahora la izquierda se tiene que parecer a la publicidad que le hicimos". Y no se pareció. Esa publicidad fue renovadora, descontraída, con humor, con la ironía suficiente de mirarnos a nosotros mismos. Intentó romper el lenguaje político tradicional, trascendente. No son simples formas.

Pero hay algo más, porque la sociedad entera parece haberse puesto de acuerdo en decir "no toquemos esto". El 27 de junio pasado, en mi programa de radio, planteé a la gente que llamara para contar anécdotas cotidianas de la época de la dictadura. Fue un programa con tantas llamadas, que tuve que seguir al otro día y aún hoy me paran por la calle para decirme lo bueno que estuvo. Lo único que hicimos fue pedirle a la gente que hablara de la dictadura. Resulta que nadie lo había hecho antes.

Hay algo que yo le hago decir a un personaje en la obra y que me parece que vivíamos en esa época: nos sentíamos parte de la historia. Y era verdad, yendo al Palacio Peñarol a un espectáculo de canto popular contra la dictadura, estábamos haciendo la historia. Creo que eso hoy está lejísimo. La política se ha alejado de todos nosotros. Se ha instalado un cinismo que no hace nada bien. Nunca fui un gran militante, pero tampoco creo en el vale todo. Falta alguna cosa que nos haga vibrar.

--Hace poco se llenó el Estadio Centenario para ver a bandas uruguayas de música tropical. El motivo seguramente era distinto, pero el nivel de euforia era seguramente el mismo. Capaz que las motivaciones de la gente son diferentes.

--Sí, es cierto, pero esas motivaciones se han alejado de lo colectivo. A casi todos nos vino como un cansancio de la militancia. Pero no todo es culpa de uno, porque cuando vos vas a una reunión y escuchás siempre lo mismo, en el mismo tono y lenguaje, deja de ser atractivo y movilizador. Pienso que los políticos no han sabido acomodar su forma de comunicación de los hechos políticos a los tiempos que corren. Yo no sé qué es lo que hay que hacer, pero si sé que hay que buscar qué hacer. Como soy un artista, adapté una obra que hablaba de determinadas cosas, la trasladé a esa época y bueno, no sé si eso servirá para movilizar a algún espectador a hacer algo. Sueño que sí, porque si no no lo haría. Yo hice eso, no veo que la clase dirigente se plantee cosas.

--¿Los personajes de la obra sienten culpa por haberse asimilado al sistema?

--Creo que sí. Algunos lo explicitan más que otros. Pero en esos dos días que pasan juntos, no quise, por una decisión filosófica, juzgar a ninguno. Pretendo que el espectáculo genere preguntas.

Una de las cosas que más me interesó de esta obra de Lawrence Kasdan, es que el tema político siempre está teñido de lo afectivo y lo individual. Eso fue lo que más me interesó, porque creo que si lo hubiera escrito yo directamente, no hubiera sido tan tolerantes con estos tipos.

Cuando ensayábamos, me di cuenta que estaba marcándoles actitudes a los actores juzgando a los personajes. Por suerte me di cuenta de eso y tuve el coraje conmigo mismo de cambiar y cuidar de no poner en los personajes lo que nosotros pudiéramos pensar de ellos. Hicimos el esfuerzo de no facilitarle al espectador el juicio moral sobre la persona. *


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Muy buena nota. Actualmente, me encuentro realizando un trabajo sobre el aquel "silencio" de la dictadura. Indagando y buscando el por qué. Esta nota, me sirve mucho a nivel personal, ya que me deja en claro varios aspectos que no estaba considerando. Muchas Gracias!
ramiro - 17/11/2008 - 19:04 (#0)
AdsBot - 03-12-2008 - 03:44 (#1)
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