Ya en Orozco ataca a los "imbéciles", a los nuevos ricos del menemismo, le niega el perdón a los "arrepentidos" como Scilingo y dice (con particular sentido del optimismo) que aunque no cree que la situación vaya a cambiar, "si no luchamos va a ser peor. Porque en la lucha está la felicidad".
Bandidos Rurales, grabado en Buenos Aires, Montevideo y Los Angeles, contiene doce nuevos temas en cuyos textos la realidad adquiere una superlativa dimensión poética. Canciones como la que da nombre al álbum, así cómo "Canción para luchar", "Las madres del amor", "La memoria", "Buenos Aires (de tus amores)", "Sin querer", "Ruta del coya", "De igual a igual", "Idolo de los quemados", "Uruguay, Uruguay", "Viejos amores" y "La guitarra", esta última con texto del inmenso Atahualpa Yupanqui, sitúan a Gieco en la cúspide de su carrera.
León Gieco proviene de la cultura rock. Su labor desde que bajó de Cañada Rosquín --su pueblo natal-- a Buenos Aires tuvo un perfil folk que logró deslumbrar con sus textos poéticos y al mismo tiempo frontalmente disidentes a principios de los años setenta como "Hombres de hierro" y "Todos los caballos blancos", entre otros.
De inmediato cobró vigor con un formato de canción que mezclaba gestos roqueros y una línea neofolclórica que más tarde se iría acentuando. La popularidad la alcanzó con canciones como "La colina de la vida", "La Navidad de Luis", "Cachito campeón de Corrientes" y especialmente ese himno que viene a ser "Sólo le pido a Dios".
Desde su primer disco La banda de los caballos cansados, tal vez su labor más ambiciosa fue el proyecto denominado De Ushuaia a la Quiaca, un recorrido por todo el territorio argentino explorando los ritmos autóctonos y que fue editado en su versión completa en cuatro compactos formidables y conmovedores.
La grandeza de León Gieco, el creador de rocanroles como "Pensar en nada" o incursiones folclóricas como "Semillas del corazón", consiste en una serie de palabras aparentemente simples, que se imponen por su poética honda y alumbradora.
Gieco es un compositor transparente donde ética y estética funcionan como una unidad. Así que desde esa posición, y por décadas, el cantor santafecino se ha transformado en un referente y en un ícono de la más noble cultura popular.
En Bandidos Rurales, editado por Emi Odeón con la producción del propio Gieco y Luis Gurevich, se ha rodeado de un notable staff de músicos: Russ Kunkel (batería), Jimmy Johnson (bajo), Alex Acuña (percusión), Michael Thompson (guitarra) y David Campbell (diversos instrumentos de cuerdas), participando además como invitados figuras de la talla de Nito Mestre, Charly García, Ricardo Iorio, Ricardo Mollo, Víctor Heredia, Gustavo Santaolalla, Chizzo Nápoli (del grupo La Renga), Andrés Giménez, Claudio Marciello, Sixto Palavecino, el estadounidense Jon Gilutin, el español Carlos Núñez y los uruguayos Hugo y Osvaldo Fattoruso y el Cuarteto Zitarrosa. El resultado musical es superlativo: suena y suena.
Disidente por definición, León Gieco es uno de esos cantores que nunca se callan y que nadie los calla. Con una clara postura humanista que pone en jaque el estado de las cosas con su arte de crear e interpretar la canción popular.
Este disco, que tiene un sonido impecable, arrollador, será, sin lugar a dudas, una pieza imprescindible de la canción popular.
Sería bueno que las radioemisoras --vehículo natural del fonograma-- no ignoraran este trabajo y le dieran la difusión debida. Claro, se dirá que es imposible pedirle peras al olmo, pero...
Se trata de un homenaje a "los bandidos populares de leyenda y corazón". También hay un nuevo tributo a las Madres de Plaza de Mayo y una tierna y cariñosa visión de Uruguay, una apología a la memoria: "Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia. El engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el punto final a las bestias de aquel infierno. Todo está guardado en la memoria..." *
Comentarios (beta!)