La objeción se sustentaba en las críticas de Estados Unidos al gran Charlot -uno de los genios del cine mudo-, donde se le acusaba de simpatizar con la causa comunista y tildaban sus matrimonios con dos jóvenes de 16 años: Milfred Harris, en 1918, y Lita Grey, en 1924, como graves faltas de índole moral.
Según los informes, Inglaterra proyectaba nombrar Sir a Chaplin en 1956, pero la decisión se paralizó al tomarse en cuenta la mala publicidad del director de Candilejas en territorio norteamericano, que le reprochaba también atrasos en el pago de impuestos estimados en un millón de dólares.
Los documentos señalaban que el gobierno de Estados Unidos lo consideraba un desagradecido, por no corresponder a la prosperidad que había alcanzado en esa nación.
Nacido en 1889 y tras una infancia amarga, Charles Chaplin logró imponerse como actor y a él se deben algunas de las páginas más memorables de la historia del cine. Su creación del personaje de Charlot, ese vagabundo que alisaba continuamente la raya imaginaria de su raído pantalón, en un intento de llevar con dignidad la miseria, dio pie a un humor que siempre lindó con la lágrima, una comicidad dotada de profundo humanismo y poesía.
Al final de su vida se refugió en Montreaux, Suiza, donde murió en 1997 dejando tras sí, junto a un legado artístico invaluable, una nueva palabra incorporada al idioma: chaplinesco. *
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