RUBEN OLIVERA
Y el día finalmente llegó. En una jornada esplendorosa e histórica, se cumplió el sueño de varias generaciones de negros y quedó pulverizada una barrera de tres siglos. Ante la atenta mirada del Palacio Legislativo, símbolo inconmensurable de la democracia, la fiesta del domingo 3 de diciembre de 2006 celebró el arribo del largo brazo de la justicia, para hacer cumplir a través de una ley lo que no se concretó en los hechos, con lo dispuesto en la Asamblea de la Florida o la propia Jura de la Constitución de 1830.
Ni siquiera con las etapas de la abolición de la esclavitud, con fechas polémicas, que aún se discuten en su concepto, pero que, al fin y al cabo, nunca terminaron de acreditar los mismos derechos ciudadanos para los afrodescendientes. Por lo menos así ha sucedido en el tiempo transcurrido, por negligencia del Estado y la complicidad de la sociedad en su conjunto. El Día Nacional del Candombe, la Cultura Afrouruguaya y la Equidad Racial, nació para promover el reconocimiento, la valoración y difusión del aporte afrouruguayo a la construcción del país y a su cultura, destacando el candombe como su máxima expresión, al cual se tributa un merecido homenaje buscando promover la superación social de los afrodescendientes, la erradicación del racismo y la convivencia solidaria de nuestra sociedad.
El racismo y la discriminación surgen en nuestra comunidad, y apenas se profundiza en todos los ámbitos que la componen, haciendo un corte horizontal de la misma. Incluido el deporte.
Lo demuestra la periodista Carina Blixen, a través de la formidable denuncia establecida en su libro "Isabelino Gradín. Testimonio de una vida" y del cual extraemos fragmentos del prólogo realizado por Víctor Hugo Morales. Habla de hipocresía y dobleces.
Señala Víctor Hugo: "¿Quién y qué ha sido Gradín para nosotros? Un jugador perfecto, un atleta invicto, un hombre amado por las multitudes. Los diarios y los poetas lo mimaban. Los dirigentes le ofrecían lo que él quisiera. Pero Gradín prefería jugar por amor a la camiseta. Jugó hasta cuando se lo propuso. Se fue cubierto de gloria. Gracias a él los negros fueron tratados en pie de igualdad por los blancos. O no. Si acaso fuera más emocionante pensar que todo lo consiguió pese a ser negro, en un mundo que lo hostigaba como a toda su raza". En otro párrafo, el gran periodista de Cardona afirma: "La historia de Isabelino nos está hablando de un mundo que hemos inventado menos egoísta, más puro y más justo, pero sólo exhibe una mayor hipocresía. Las contradicciones de un país cuyas leyes y criterios éticos se enfrentan con el alto contenido racista de su población quedan a flote durante la mayor parte del relato".
Agrega nuestro compatriota: "Adquiere mayor relieve el sufrimiento de un negro amado en tanto sepa darse 'su' lugar que los triunfos y reconocimientos de las victoriosas tardes en las cuales su pecho llegaba antes que los otros a la meta, o sus zapatazos transformaban cada pelota en pájaros suicidas, destinados a morir en los ángulos de los arcos". Por otra parte, en este caso, con el ejemplo puntual del fantástico deportista, al cual podemos sumar miles de situaciones similares en su contenido, vale agregar el famoso "Polirritmo dinámico de Gradín, jugador de fútbol", declamado en 1924 en el Teatro Solís por Berta Singerman, donde su autor, el poeta Juan Parra del Riego, curiosamente ignoró la palabra negro.
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