A finales del año pasado, la masa social tricolor se vio enfrentada a una selecciones en las cuales se contraponía la juventud de Pablo Martínez contra un Alarcón de perfil empresarial con el respaldo de Della Valle.
Y digamos la verdad, Alarcón ganó casi sin plataforma, con su prestigiosa imagen como empresario financiero y el apoyo de un "pesado" en la interna, como Della Valle, obtuvo una victoria rotunda.
Poco tiempo pasó para que comenzaran las confrontaciones con su vice, quien, finalmente a comienzos de abril, presenta renuncia.
Es decir que Alarcón rompió, con sus actitudes, en cuatro meses de gestión, la alianza proyectada.
Se designó a Carreño, se manejó la independencia con los contratistas, se habló de la promoción de juveniles, y allí surgió la auténtica propuesta dirigencial del presidente tricolor.
Carreño promovió a Ferreira, Pablo Alvarez, Lodeiro, Cauteruccio, Cardaccio, Fornaroli, Oyarbide, etc., etc., haciendo por consiguiente muy bien los deberes.
Luego se casó con el "Chengue" Morales. ¿Pero dónde está su error? ¿En jugarse por los veteranos y suplantar a los juveniles? ¿En jugarse con los juveniles y que Pereira sea suplente?
Alarcón bancó a Carreño en sus luchas con Tejera y Vanzini, y después se lo entregó a las fieras. Carreño aceptó la dirección técnica tricolor con los condicionamientos que Alarcón le impuso, entonces, ¿en qué falló?
Alarcón prometió austeridad y, sin embargo, contrató más de una decena de jugadores en los últimos dos meses.
A esta altura del partido, Carreño fue el chivo expiatorio de una confusa conducción. Alarcón cedió a las presiones y, en esta contingencia, comandó el recambio con el apoyo del gerente deportivo, Daniel Enríquez. wEl tiempo dirá qué cupo tendrán los juveniles en la formación titular alba, y sin duda alguna pondrá en el carro los zapallos en su sitio. Carreño, por funcional al "modelo Alarcón", no debió ser echado así, independientemente de que en lo deportivo el equipo no jugaba a nada. *
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