Desde hace un tiempo los uruguayos venimos inclinándonos fundamentalmente en materia deportiva a copiar lo malo de otros en detrimento de lo bueno. Es mejor para algunos ver hacia otro lado, para "uruguayizar" ciertos métodos, ciertas tendencias a la hora de alentar a sus equipos.
Y en ese sentido basta ver como nos "ametrallan" con programas argentinos para entender una forma de sentir el fútbol totalmente diferente, llevándonos a costumbres cuya génesis está en el otro lado del Plata. Pero que nosotros, nos encargamos de imitar intentando agigantar lo que tenemos, aún con el riesgo implícito de empequeñecernos más.
Ya no se dirime la supremacía en la cancha, ya no alcanza con que los jugadores intenten ganarle al rival de todas las horas o a clubes con los que se tienen una cierta rivalidad en la cancha mostrando atributos futbolísticos.
Hay que ganarle en otro ámbito, y no hablamos precisamente de la Asociación Uruguaya donde varias "avivadas" de los delegados de alguna forma incidieron en algún momento para favorecer al equipo al que los delegados defienden.
Nos referimos a los "trapos", a las hinchadas, a las famosas "baboseadas" con las que se está entre el límite de lo picaresco y la humillación del otro. Una línea muy fina de trasponer, a lo que los hinchas poco les importa con tal de mofarse del rival en desgracia.
Ya quedaron lejanos y parte del anecdotario cuando las hinchas compartían la Amsterdam en los clásicos, con unos y otros "amontonados" en los rincones contra la América y la Olímpica. Vinieron tiempos de una tribuna para cada uno porque la iracundia nos invadió, al punto que aún sin que las tradicionales casacas estén enfrentadas en la cancha como cuando juega la Selección, igualmente se hace necesario que se divida el estadio.
Con los años las hinchadas comenzaron a tomar un protagonismo importantísimo en el ambiente del fútbol, porque los argentinos "adelantados" como siempre nos mostraban como se dirimía a través de los trapos la supremacía en los estadios. Acá las hinchadas de los grandes llegaron a tener banderas enormes que se desplegaban con cada gol anotado.
Los "trapos", que como estandarte de cada hinchada cargan a la cancha para alentar a su club han pasado a ser trofeo de guerra, y en esa inaceptable porfía, el que se queda con una bandera del rival la exhibe en el estadio en medio de la barra brava, a la que ni siquiera la Policía llega hasta ahí para quitarla, pese a las indicaciones de comisiones formadas para preservar la seguridad en los estadios y que prohíben que se exhiban los colores de los rivales. En el último clásico, por ejemplo, se vio una del rival en cada tribuna, pero ¿quién se las quitaba?
Pero más acá aún en el tiempo, la forma de herir al rival de todas las horas tuvo su "despegue" en Argentina cuando Boca y River cruzaban fuego cruzado con cartelería en alusión a triunfos o derrotas clásicas. Y las calles de Buenos Aires comenzaron a "vestirse" con carteles que picarescamente aparecían para mofarse del rival de turno. Las cargadas de siempre ahora se exhibían al público y como no podía ser de otra forma, terminó en nuestro país, acentuándose en los últimos tiempos.
En tal sentido Canal 4 realizó una muestra de la cartelería que fue de alguna manera el punto culmine a un spot televisivo que encendió la mecha.
La campaña de socios ideada por Nacional hace pocas semanas, podría decirse que estuvo dentro de lo que podría llamarse "una mojada de oreja", cuando un spot publicitario televisivo entre líneas, se refería a la ausencia de varios años de Peñarol en la Copa Libertadores.
Y la respuesta no se hizo esperar, llegó inmediatamente por parte de Peñarol con cartelería alusiva a la misma Libertadores y a la cantidad de veces obtenidas por el club de las once estrellas. Nacional no se quedó atrás y volvió a empapelar las calles encima de esa cartelería con otra respuesta.
Y el clásico fue la gota que desbordó el vaso, porque Peñarol pegó dos veces.
Una con la famosa gallina de hule con los colores de Nacional que ingresaron a la Amsterdam en el primer tiempo, y que nadie sabe exactamente como la ingresaron al Centenario, y en los días posteriores, aparecieron carteles en los que se manifiesta una apología del acto sexual o la culminación del mismo teniendo como destinatario a los nacionalófilos.
Pero no queda ahí el hecho de la humillación del ganador contra el perdedor porque basta y esto desde hace mucho tiempo que haya un ganador clásico, para que vía internet aparezcan emails, fotos y montajes de todo tipo con claro sentido burlesco, aunque se esgrime que lo picaresco es la razón de ser de esta lucha que hoy mantienen las dos grandes enseñas de nuestro balompié.
Sin embargo, no podemos dejar de mencionar en esta nota que muchas veces ese sentido picaresco, lleva a situaciones más complicadas y que rozan el vandalismo, pues no se puede dejar de lado el hecho de las pedreas que sufrieron las sedes de ambas instituciones a manos de hinchas rivales.
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