Una jornada negra para el fútbol uruguayo se vivió ayer en el Estadio Centenario, pues lamentablemente en el Palco Alto y en el preciso momento que Milton Núñez convertía el segundo gol de Nacional, el socio tricolor Luis Nicoletti sufría un paro cardíaco que minutos más tarde le provocaría la muerte.
Quiso el destino que este periodista de LA REPUBLICA estuviera a muy pocos metros del fallecido y por lo tanto pueda narrar algunos hechos que se produjeron en los minutos finales del partido.
Como mencionamos anteriormente, en el preciso momento en que Milton Núñez convertía el segundo gol de Nacional, Luis Nicoletti caía desplomado sobre su asiento.
Allí recibió la atención primaria del entrenador Richard Cámera, que se encontraba allí, mientras en lo particular fuimos hacia la cabina de altoparlantes para solicitar la presencia de un médico en el lugar.
En muy pocos segundos apareció la figura de Carlos Suero, jefe médico de la sanidad tricolor, quien acostó en el piso a Nicoletti para realizarle masajes cardíacos.
Mientras Suero hacía todos los esfuerzos para reanimar al paciente, a través del jefe del operativo policial en el estadio le solicitamos que volviera a pedir a los subalternos que estaba en el campo que le comunicaran a los médicos de la ambulancia de la situación que se vivía en el Palco Alto.
Lamentablemente las comunicaciones fallaron, pues desde el momento en que Nicoletti sufrió el infarto hasta que llegó la asistencia de las unidades coronarias, transcurrieron unos 15 minutos. El único que llegó en tiempo y realizó todos los esfuerzos posibles fue el jefe médico de Nacional Carlos Suero.
Los minutos finales del partido y el infarto que provocó la muerte de Luis Nicoletti seguramente jamás los olvidaremos.
Observar la situación desesperante del hincha tricolor, el tener que correr hacia distintos sectores en procura de la asistencia, el esfuerzo extremo de Carlos Suero con los masajes cardíacos por espacio de 15 minutos en medio de la soledad más absoluta, son cosas que quedan grabadas. Mientras esto acontecía, un grupo de hinchas papales festejaba los dos goles finales de su equipo en la más absoluta indiferencia, a escasos dos filas de asientos más adelante, mientras otro ser humano perdía la vida prácticamente a sus pies.
Entre los parciales se encontraban dos niños. Ojalá que hoy mismo se les explique que el fútbol es simplemente un juego y que lo más importante ayer en el Palco Alto del Estadio Centenario era la vida humana. *
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