JORGE JAURI
La discusión es relevante observada desde una perspectiva de riesgo. Dicho en otras palabras: si los nuevos administradores no dieran señales contundentes sobre su voluntad y capacidad de instituir reglas de relacionamiento del Estado y los privados sustancialmente mejores a las disponibles actualmente, si no fueran capaces de dotarlas de una permanencia creíble y, sobre todo, si no las defendieran y las hicieran cumplir, entonces, la perspectiva de riesgo empeoraría Esto es particularmente gravoso en la situación actual de la economía.
¿El gobierno intentará realmente que el Estado continúe haciendo las cosas que los privados deben hacer de una vez por todas? ¿Continuará asistiendo a los malos empresarios partiendo de la extraña idea acerca de que nadie se puede fundir trabajando? ¿Entenderán realmente los nuevos administradores cómo es el juego del clientelismo que ha vivido denunciando la izquierda?
¿Ira este gobierno transitando, de una manera u otra, en el viejo trillo de los gobiernos condescendientes con las corporaciones de toda laya, o no?
Por diversas razones este gobierno no tiene poleas de transmisión que agreguen valor didáctico sobre sus acciones en zonas complejas del accionar del Estado. Y esto no es un problema de la comunicación, ni de la relación con los medios, ni de conspiraciones, ni nada que se le parezca. La izquierda asume el gobierno de un Estado débil desintegrado en sus relaciones institucionales con la sociedad. Esta, a la vez, presenta características negadoras de cierto tipo de realidades y la información "dura" que surge de ellas. De tal manera el mercado especulará a futuro en las brechas del quehacer real con la percepción ambigua de la gente -aún la más enterada- sobre qué es lo que sucede y un sinfín de hipótesis sobre lo que "debería" suceder. He aquí una de las razones de especulación principal de comprensión bien diferente -aún allí, en las zonas de planificación y operaciones delicadas: ¿cuál será la ruta principal por la que andará el gobierno en las intersecciones de lo público y lo privado? Ese es el primer dilema prospectivo cuya respuesta tiene elevado valor de especulación: ¿más allá de lo que piensan los gobernantes actuales, las instituciones públicas podrán o no zafar de esa relación de clientelismo perverso? Si el gobierno logra superponerse sobre sus defectuosos vínculos de encuentro con la sociedad y convencernos que, efectivamente, está lejos de alentar prácticas restauradoras, las cosas van a andar bien. En caso contrario no.
"Hipótesis de trabajo..."
La especulación trabaja con hipótesis de reiteración de la práctica permanente de ablandamiento de las condiciones contractuales -en español, perdonazos generalizados a malos pagadores; permisibilidad del regulador financiero; aproximación de los fondos provisionales a los requerimientos de la política -en español: eliminación de los principios de la reforma provisional del 93 y regreso al riesgo permanente de confiscación de los fondos previsionales acumulados individualmente; especula con la vuelta al libertinaje del crédito de "fomento" con pérdida de independencia orgánica del BROU; hace las cuentas de una rápida progresión hacia la desestabilización, calcula el aumento inflacionario y la vuelta al dirigismo cambiario vía resquebrajamiento de la disciplina fiscal y monetaria; especula con la reiteración de viejas prácticas intervencionistas cada vez más vetustas como la institución de controles de capital, generalización de los precios administrados e intervenciones múltiples en la esfera de la responsabilidad comercial de los privados.
Todas estas "hipótesis" y otras mil están en el aire. Sin embargo, en la realidad y más allá de pequeños movimientos en esas direcciones, la acción dominante del gobierno va en otro sentido: fomento y defensa de la inversión privada incluyendo la extranjera; predisposición a firmar el tratado de protección reciproca de inversiones con los EEUU; preocupación por mejorar los escenarios de competencia regulada de los privados; enfrentamiento a la insoportable fragmentación social que, además, iba tornando irrespirable el entorno de ese mismo "clima de negocios" que se pretende mejorar explícitamente.
Los planes de reestructura bancaria no sólo no han sido afectados sino que, hasta ahora, han sido reafirmados enfáticamente en sus contenidos y plazos. Pese a las múltiples invitaciones y hasta provocaciones de los socios comerciales, el gobierno está logrando mantener a raya la demanda proteccionista de los eternos formadores monopólicos de precios en este país.
Innovación y realidad
El problema es que la confusión de hipótesis y realidad se recrea diariamente generando un desgaste fenomenal de la confianza. A la izquierda le cuesta disciplinar sus cuadros educados en generar expectativas. Pero lo intenta. Con enormes dificultades. Entre otras razones porque hay zonas en las cuales la obligación del cambio es demasiado urgente, e impone una aceleración dramática de cambios necesariamente innovadores: los casos más ejemplares son, sin duda, la salud o la asistencia social de emergencia.
Pero más allá de ello, la transición se está desarrollando sin que el acceso de la izquierda al gobierno genere fracturas graves en un proceso de estabilidad y modernización que tuvo en la salida de la crisis del 2002 un disparador histórico.
En unas semanas más comenzaran a plantearse los problemas frente a los cuales la izquierda deberá demostrar, sobre todo, su capacidad de operar en la realidad, transformando cada evento en una clase. El inesperado adelantamiento de la flexibilización de las normas que regulan la concesión de créditos y los anuncios de regreso del Banco Central a la promoción del mercado de compraventa de dólares a término debe haber sido un acto de realidad alineado con la Misión del Banco y los objetivos de política. Pero debió ser explicado por algo más que un comunicado de dudoso aporte en el juego de las expectativas y unos minutos de fragmentadas entrevistas del presidente del Directorio. *
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