El jueves, el BCU cambió el estilo y los plazos usuales en los cuales se procesan las variantes de regulación bancaria. En la medida que el cambio recalifica y posibilita la vuelta al circuito de un grupo acotado de deudores, la incidencia real del cambio es escasa para el conjunto del sistema. Empero, en un contexto de incertidumbre y acciones fuertes de los grupos de presión, el BCU debe saber que este tipo de acciones pudieran ser tomadas como respuestas concesivas del Estado en el juego especulativo.
Los fundamentos del BCU para explicar su decisión del jueves son, al menos, escasos. (1)
El Banco debe diferenciar la medida de lo que pudiera ser leído como una concesión del regulador, apartándose de su programa aunque mínima fuera esa digresión para concurrir a apoyar al gobierno en la discusión del endeudamiento. Leída con atención, la norma que flexibiliza la concesión de nuevos créditos del sistema financiero acota sus efectos a un conjunto muy específico de clientes que, además de haber ingresado en los mecanismos formales de refinanciación, han efectivizado el pago de los intereses o parte de ellos. La recategorización de deudores que la nueva disposición consagra, habilita nuevamente a un conjunto de empresarios a financiar su actividad accediendo a nuevos créditos. Y, paralelamente, habilita también a los bancos a mejorar, aunque sea marginalmente, indicadores de actividad preocupantes como la actual relación de créditos al sector privado no bancario sobre activos, del orden del 29%, dos o tres puntos menos que un año atrás y que indica una progresiva incapacidad de utilizar los ahorros que logra captar el sistema. Esto es particularmente favorable para el BROU que venía perdiendo posiciones en la competencia con los bancos privados con mejores carteras de clientes que el BROU. Probablemente en la decisión no haya participado el Ministerio de Economía y, en tanto, ella haya sido tomada con arreglo a criterios estrictamente técnicos, vinculada al cumplimiento de la misión del BCU y resguardada por la relativa autonomía que tiene la institución. Si ello fuera explicado con mayor abundamiento todos estaríamos más tranquilos, situados en esa perspectiva de riesgo expuesta al juego de firmezas y concesiones del Estado a los privados y al riesgo del cambio de las reglas de juego.
Pero en verdad, la medida de la SIIF/BCU agrega dudas sobre interpretación que pudiera estar haciendo el Banco y el resto del equipo económico respecto a cuáles son las mejores formas de facilitar y mejorar el crédito en este panorama tan confuso. Pudiera suceder, por ejemplo, que una parte considerable del mercado entendiera que el empeño, costoso por cierto, de muchas empresas para acceder al financiamiento utilizando instrumentos modernos de finanzas estructuradas que las obligan a superar su opacidad, van a ser neutralizados por la facilitación oficial del tradicional crédito bancario calificado por historias cada vez más remotas y garantías reales que luego nadie va a ejecutar... *
[1] El BCU decidió cambiar las normas de contabilización de operaciones incluidas en las reestructuras de los créditos morosos o impagos como consecuencia del impacto que tuvo la última crisis sobre los respectivos deudores. El comunicado y los cambios pueden ser consultados en www.bcu.gub.uy
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