Ese mismo viernes, en Montevideo, el director adjunto de la OMC Alejandro Jara, el segundo hombre luego de Pascal Lamy en la jerarquía de la organización, sugería que todo el esfuerzo para habilitar un cierre decoroso de la ronda Doha se concentraba en la capacidad que pudiera tener el presidente del Comité de negociación agrícola Crawford Falcone para generar un documento hábil a tales efectos. Inmediatamente al feriado del 1º de mayo, comenzó a circular en el mundo el esperado borrador o "esqueleto" de un acuerdo posible en la jerga ginebrina.
El gobierno uruguayo ha comenzado el estudio del mismo con las propias dificultades que tiene un país que se juega parte importante de sus estrategias a futuro y tiene en su memoria los desencuentros que se produjeran con sus socios de ruta en el final de la ronda Uruguay, doce años atrás. Además de la complejidad de las alianzas y las dificultades que se le plantean a Uruguay para negociar sus propios intereses en los acuerdos desde su primer núcleo de pertenencia: el Mercosur, Cairns, o agregados de países de menor desarrollo. Uruguay se enfrenta a un documento muy audaz, "radical y sorpresivo" según los primeros comentarios que es posible hallar en la prensa especializada en estos primeros días. Ese "esqueleto" es el primero de dos o tres borradores que, en sucesión de una o dos semanas más, Falcone ha de colocar sobre la mesa de negociación para intentar una apertura posible del final de la Ronda.
El documento recorre todas las áreas de negociación proponiendo rangos de objetivos concretos, a diferencia de los documentos de este tipo que en el pasado se limitaban a realizar consideraciones generales e identificar puntos de acuerdos posibles. Ese primer documento base de un eventual acuerdo tiene, además, formas y lenguajes inusuales para la diplomacia del comercio. Parte de un enfoque de reconocimientos de la necesidad imperiosa que tienen los países desarrollados de llegar a un acuerdo no sólo desde el punto de vista de sus responsabilidades "razonables" con el resto de la humanidad, sino desde el ángulo de necesidades más racionales y egoístas. Así, su apelación a los EEUU contiene lecturas desde las necesidades que tienen los norteamericanos de un acuerdo disciplinario global, para evitar que la inminente discusión interna de una nueva Ley Agrícola, recree la habilitación de una protección imposible de mantener en una perspectiva de equilibrio presupuestales.
Lo mismo sucede en la convocatoria a Europa en lo que refiere a subsidios y en directa vinculación con las necesidades que tiene la Unión de enfrentar la irracionalidad de una protección redundante y ampliada, que extienda los beneficios a los países de base agraria que han ingresado recientemente, al conjunto de Europa con consecuencias desastrosas para los equilibrios a futuro.
En los próximos días Falcone completará su propuesta específicamente técnica, de la cual el primer documento ya adelanta precisiones radicales para la definición de acuerdos en las áreas más críticas. Dentro de ellas, paradójicamente, ya el tema de los "subsidios" aparece como un tema menor y prácticamente resuelto. Doha ya tiene definido que en 2013 finaliza la permisibilidad para subsidiar. Hay en tanto un cronograma y flujos de metas para un cierre posible. Los problemas se concentran en el tratamiento de los productos "sensibles", en los accesos y las ayudas a la agricultura. Hay también nudos complejos sobre los que trabaja el documento y cuyos destinatarios son los países en desarrollo, con preguntas del tipo siguiente ¿...este conjunto de países quiere realmente una desprotección que los obligue a una competencia mayor?
Los siguientes son extractos conceptuales del documento.
* "Se trata de admitir los hechos objetivos que tenemos enfrente. Si no conseguimos dar a la situación un impulso serio en las próximas semanas (dudo en decir meses), o bien fracasamos o bien ponemos todo este ejercicio en el congelador durante un tiempo considerable hasta que una generación mejor que la nuestra lo saque de ahí"
* "Pero lo que quisiera pedirles es que no repitan cuáles son sus preferencias sino que sugieran qué alternativa mejor puede haber para lograr un acuerdo. (...) lo que tenemos que establecer hoy es hasta dónde podemos razonablemente llegar".
* "...les voy a presentar una idea radical que pueden desechar si lo desean: ¿no sería mejor utilizar un enfoque totalmente diferente? ¿Dejar de lado el enfoque estratificado, dejar de lado las complicadas flexibilidades, las proporcionalidades de dos tercios, todos los debates sobre los productos especiales, etc., etc., todo eso, que amenaza con convertirse en un ejercicio cada vez más complicado con efectos cascada en una negociación en punto muerto, así como en complicaciones que se bloquean unas a otras? Podríamos buscar simplemente algo más sencillo y directo y, por encima de todo, claro: algo que permita a todo el mundo saber qué está haciendo; algo que, con franqueza, la mayor parte de los países en desarrollo pueda probablemente gestionar de manera razonable, visto lo que acontece en la práctica. Por ejemplo, podríamos abrirnos camino entre todas las bandas y las proporciones y optar por un objetivo consistente en un recorte medio global sencillo, que los países en desarrollo podrían cumplir como quisieran, siempre que realizasen en todas las líneas un recorte mínimo establecido (que, naturalmente, estaría muy por debajo del recorte medio fijado como objetivo). En la Ronda Uruguay funcionó bastante bien para los países desarrollados; ¿no sería, en líneas generales, lo suficientemente bueno para los países en desarrollo en esta ocasión? Y cuando, en el caso de algunos países en desarrollo, incluso esta posibilidad tuviese una repercusión desproporcionada, hay una disposición que permite hacer frente a la situación.
* "Como he dicho, tengo que intentarlo. No tienen más que negarse, si quieren, en cuyo caso volveremos a hacer lo que hemos hecho hasta ahora. Sólo quiero asegurarme de que es eso lo que quieren hacer".
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