JORGE JAURI
De a poco el gobierno va introduciendo en el marco institucional, la nueva normativa, y las principales políticas, los principios básicos de la lógica programática de la izquierda.
Los cambios se van produciendo sobre una base de relativa estabilidad macroeconómica que los posibilita.
Esos cambios refieren a un programa imperfecto como todos los que realizan las fuerzas políticas en campaña, pero que esencialmente es la síntesis de una conciliación histórica entre la potente elaboración original del batllismo respecto a la relación de lo público y privado, con la reivindicación del nacionalismo agrario y la desesperación por la inclusión social que explica las elaboraciones más pretenciosas de la izquierda.
Todo ello procesado y macerado durante más de un siglo y medio en un país encajado en una región con lógicas e historias diferentes de pensamiento.
La esencia de ese programa sintético explica las políticas principales de este gobierno, independientemente que eso no sea advertido con facilidad por el propio electorado de la izquierda.
La disconformidad creciente que es posible advertir en la sociedad surge de la dificultad que tiene el gobierno de explicar su adhesión íntima al programa que lo condiciona y, quizás, a la sospecha de amplios sectores de opinión respecto a la habilidad de ese programa histórico frente a las oportunidades y amenazas actuales.
El malestar social actual es obvio y hay varios indicadores para expresarlo. Pero quizás, los más elocuentes estén vinculados a la dificultad del lenguaje con el cual se relaciona el gobierno con sus electores y la población por un lado y la enorme pobreza que caracteriza la elaboración de los nuevos documentos.
Sin textos nuevos es muy difícil explicarse y explicar que es lo que está sucediendo en realidad.
Y más difícil aún es explicar las políticas. La cargosa permanencia del discurso oficial en la celebración de todo lo que se hace y una oposición que no logra construir una alternativa potente de ideas componen el marco en el cual se multiplican discusiones menores, de alto contenido irritativo y poca utilidad.
Ahora que los problemas de la sustentabilidad del crecimiento y la estabilidad comienzan a aparecer en el extenso escenario preelectoral de este país, se corre el riesgo de perder definitivamente la oportunidad de explicase lo principal.
La estacionalidad electoral va a impedirnos la interrogación inteligente sobre la existencia de eventuales desajustes entre aquella síntesis de pensamiento histórico que explica el programa en ejecución con la novedad de un mundo en el cual, ahora, la suma del conocimiento humano se transforma totalmente en períodos de treinta años.
El riesgo de la conflictividad creciente, difícil de ser manejada, es natural en este estado de disconformidad, con reformas que avanzan sin discusión inteligente y un principio de desestabilización monetario y fiscal frente al cual aquel pensamiento dominante no tiene códigos de reconocimiento.
Ese pensamiento y aquel programa histórico habilitan el avance de algunas reformas y tiende a desplazar otras cuyos proyectos confrontan ostensiblemente con el programa histórico y las fuerzas capaces de impulsarlo.
Los proyectos de reforma que avanzan adquieren normatividad y financiación son aquellos vinculados a una idea acerca de cómo es posible distribuir e incluir mejor.
La reforma del régimen tributario y el de la salud son de los cuatro o cinco proyectos reformistas principales en discusión los únicos que ingresan a una etapa de ejecución efectiva. La modificación del régimen de sanción y estimulo a la actividad empresarial, la modificación del régimen de competencia o la reforma de la carta orgánica del Banco Central en cambio, no logran siquiera prosperar en las comisiones legislativas que los recepcionaran entre diciembre de 2005 y junio pasado. Estos últimos proyectos tienden a generar modificaciones en la base estructural de la actividad económica sin los cuales, todo el verdadero riesgo de sustentación del crecimiento y la estabilidad se multiplica exponencialmente.
Esas reformas desplazadas no han sido pergeñadas en el programa de la izquierda ni tienen antecedentes en la historia del pensamiento dominante. Esto condiciona al gobierno que no logra ni logrará seguramente articular la reforma tributaria y la del sistema de salud, con los cambios estructurales que posibilitarían la sustentabilidad de la tranquilidad macroeconómica actual. Sin lo cual, por definición, es imposible imaginar un desenlace exitoso del programa de inclusión y distribución. *
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