"La elaboración de una ley de promoción y defensa de la competencia como la que pretendemos analizar, parte de una dificultad que yo tildaría sin esfuerzo de excepcional, y que me gustaría compartir en esta presentación. Pues las dificultades que se encuentran en la legislación comparada para el dictado de una norma que resulte efectiva viene constituida por el hecho de que intenta solucionar las contradicciones de una paradoja que aparece, subyacente pero al mismo tiempo inexorablemente y que, como todas las paradojas, resulta, a primera vista, imposible de solucionar.
La paradoja contenida en cualquier ley de estas características es que éstas tienden, como bien lo manifestaba el diputado Asti, a la promoción de mercados competitivos. Ahora bien, ¿cuál es la esencia de los fenómenos competitivos?
La competencia aparece en esencia como un fenómeno de la naturaleza. Compiten, desde un análisis científico, todas las especies que en el mundo han sido, tanto animales como vegetales y lo hacen, obviamente, por los más diversos mercados, desde el más dramático de la propia supervivencia como individuos o como especie, hasta el menos angustiante en apariencia de bienes y servicios. Y ese fenómeno consiste básicamente en que más de un individuo o grupo de individuos, al menos dos, pugnan por alcanzar un mismo objetivo, valioso para todos los competidores, con el resultado inevitable de que, alcanzado dicho objetivo, algunos o inclusive todos los que lo persiguen, padecen o bien una disminución más o menos severa de las expectativas de satisfacción que el logro perseguido hubiera proporcionado de no existir la competencia, o inclusive la perdida total de dicho objetivo.
De manera tal que si acordamos en esta definición de competencia con características de ley antropológica, el promover y regular- un mercado competitivo, implica necesariamente pretender al mismo tiempo, que la competencia realmente exista, lograr que una vez instalada, la misma se rija por normas que aseguren que el logro del objetivo común que la sustenta, se alcance mediante reglas de juego limpias, no distorsionadas por fenómenos espurios. Significa en su más concisa y resumida expresión, desregular y regular al mismo tiempo. Cualquier semejanza con las dificultades enfrentadas por un "aprendiz de brujo" puesto a intentar contener las fuerzas de la naturaleza una vez desatadas y más aun, promovidas, no aparece como mera coincidencia.
Si se piensa detenidamente, toda la regulación normativa elaborada por el hombre desde el más lejano Código de Hamurabbi hasta los derechos más recientes, tienden a regular fenómenos de competencia. La construcción del Derecho aparece, desde nuestro punto de vista, impregnada por los fenómenos de competencia entre grupos de la más diversa naturaleza y la forma de regular dicha competencia. Despojadas de sus elementos accesorios, todas nuestras acciones tienen en el fondo un elemento de competencia.
"Vamos siempre detrás de bienes escasos, desde el amor de una mujer, hasta los tesoros materiales, y por todos o por casi todos, nos encontramos compitiendo. Quizás nuestro sueño de una isla desierta, de un paraje lejano donde convivir sólo con la naturaleza, contenga inconscientemente nuestro deseo de dejar de competir. La competencia es placer y es al mismo tiempo dolor, pero siempre, en cualquier caso, aparece como inevitable.
Ahora bien, para bien o para mal, somos seres gregarios. Compartimos espacios físicos, y debemos convivir. Por lo tanto, quisiera hablarles de un tema que quizás ustedes piensen que no vinieron a tratar, pero que tal vez, si mi enfoque es correcto, terminemos descubriendo juntos, al final de la jornada, que de eso se trata el tema que hoy nos reúne. En fin, se nos ha convocado para hablar de competencia y yo pretendo invitarles a reflexionar acerca de convivencia.
Cuando hablamos de convivencia, hablamos de mucho más que de compartir meramente espacios físicos. Hablamos de entendernos mutuamente. Hablamos de un lenguaje común y hablamos de reglas de ese lenguaje común, que nos habiliten a entender al otro, a hacer previsible su comportamiento para nosotros y el nuestro para quienes nos rodean.
Analicemos ejemplos. Ejemplo 1.- Competencia de autos, varios corredores en igualdad de circunstancias y por ende de posibilidades. Sin embargo, dos de ellos conjuntan esfuerzos, aprovechándose en forma coordinada y alternada el uno de la succión que produce el otro yendo adelante. Vencedor uno de ellos de la competencia, ambos se reparten igualitariamente la jugosa recompensa monetaria destinada exclusivamente al ganador. Pregunta para el auditorio: ¿competencia sana o "concertación injustificada de servicios en perjuicio de los competidores" para utilizar la terminología de la ley?
Ejemplo 2: en un mundial de fútbol dos equipos se enfrentan en el último partido de una serie integrada por otro dos, y que clasifica a la ronda final. El empate clasifica a ambos en perjuicio de un tercero. Los jugadores deciden deliberadamente procurar el empate, dejando de lado el lógico objetivo de un juego, ganar. ¿Búsqueda racional del beneficio individual o pacto antideportivo? Conteste cada uno de ustedes para sí las preguntas que venimos de formular.
Es conocida a esta altura mi reivindicación utópica en el sentido de que toda persona, todo ciudadano que deba evaluar la actuación de legisladores y jueces debería cursar dos años de Instrucción Civil Obligatoria. Porque también en este tema de legislar se compite, también se enfrentan concepciones diferentes detrás de un mismo objetivo, y, lo que dificulta aun más la tarea, no siempre el objetivo buscado por cada una de esas concepciones es el objetivo general que el legislador debe, por definición, perseguir.
Todo esto nos lleva a la conclusión de que regular la competencia en una sociedad significa de alguna forma posibilitar la convivencia. Por ello que cuando somos convocados a hablar de normas para regular en forma consensuada la competencia, el tema que subyace es la regulación de la convivencia en sociedad. *
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