Jueves, 30 de agosto, 2007 - AÑO 9 - Nro.2654
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LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS SUBEN VERTIGINOSAMENTE DESDE CHINA HASTA CHILE

Tiempos de prueba

Las turbulencias actuales de la economía mundial, el rol de los bancos centrales y las presiones inflacionarias a nivel mundial son analizadas en este artículo. Se destaca que los precios de los alimentos suben vertiginosamente desde Chile hasta China.

JOAQUIN VIAL (*)


Los bancos centrales del mundo lo están pasando mal. Si se equivocan proveyendo liquidez excesiva, podrían consolidar un alza de la inflación y premiar a quienes se han arriesgado en demasía. Si no dan suficiente liquidez se podría desencadenar una crisis bancaria global.

El problema se complica porque la inflación ha comenzado a levantar cabeza. Ella estaba casi muerta gracias a las ganancias de productividad derivadas de la globalización, que ha permitido rebajas de costos que se han traducido en bienes de consumo más baratos, y mayores ganancias para las empresas. La combinación de más productividad con mayor autonomía de los bancos centrales, con compromisos claros con el control de la inflación, ha sido fundamental para la disminución de los tipos de interés y de las primas de riesgo en todo el mundo.

Esta combinación ganadora permitió sortear con éxito las alzas de precios de la energía, causada en gran medida por la incapacidad de la producción para abastecer los mayores consumos inducidos por el crecimiento económico global. Sin embargo, las vallas están subiendo: los precios de los alimentos suben vertiginosamente desde China hasta Chile, impulsados tanto por el mayor consumo en Asia, así como porque cultivos claves como el maíz y el azúcar están siendo destinados a producir energía. Casi un cuarto de la producción de maíz norteamericana va a ser destinada a la producción de etanol, en vez de contribuir a la alimentación. De esta forma, el precio de estos productos comienza a moverse según la trayectoria del precio del petróleo.

Las alzas de los alimentos se suman a las de la energía para poner en peligro la estabilidad de precios. Ello porque después de un quinquenio de alto crecimiento, en muchos lugares estamos muy cerca de niveles de pleno empleo, por lo que existe un riesgo serio de retroalimentación a los salarios.

En este contexto, la prudencia llama a una acción clara y decisiva de los bancos centrales, los que efectivamente ya habían iniciado un proceso de alzas en tipos de interés, con la excepción de Estados Unidos que ya había iniciado una desaceleración.

La crisis de liquidez causada por la incertidumbre provocada por el desconocimiento de la exposición de los bancos a los derivados de créditos hipotecarios "subprime" en los Estados Unidos ha venido a perturbar profundamente la estrategia de los bancos centrales para controlar la inflación.

Los bancos centrales, quiéranlo o no, siguen siendo los "prestamistas de última instancia" que deben asegurar la normalidad de los sistemas de pago en el mundo. Enfrentados a los inesperados coletazos de la crisis del mercado hipotecario "subprime" en Estados Unidos, han reaccionado proporcionando liquidez para evitar que este problema escale hacia una crisis financiera mayor. Todo indica que están teniendo éxito en esta tarea, pero ahora viene la parte más compleja, que consiste en graduar delicadamente los movimientos de tipos de interés y los flujos de liquidez, para atender tanto al control de la inflación como a la estabilidad financiera. En la medida que se perciba que estos objetivos están en conflicto, se pone en jaque el activo más valioso de los bancos centrales: su credibilidad.

En los países de América Latina el problema del contagio por los problemas de liquidez no es tan serio, lo que facilita la tarea de las autoridades monetarias. Sin embargo, estos países están sufriendo con más fuerza el impacto de las alzas de los alimentos y la energía, ya que estos bienes pesan con más fuerza en las canastas de los consumidores. Después de un lustro de alto crecimiento y aumentos en el empleo, hay una creciente presión de los salarios, acentuada por precios muy altos de las exportaciones, con importantes holguras ­transitorias­ para los gobiernos y las empresas exportadoras. Esta es una mezcla explosiva que puede desembocar en una espiral inflacionista de no mediar una acción decidida de los bancos centrales.

Sin duda se trata de tiempos de prueba para las autoridades económicas en todas partes del mundo. Es de esperar que tomen las decisiones acertadas en las semanas que vienen, porque los costos de acciones o señales equivocadas pueden ser muy elevados". *

(*) Joaquín Vial es economista jefe de Tendencias Globales del Servicio de Estudios BBVA


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