La Reserva Federal (Fed) de EEUU dijo que las pérdidas para el sector financiero podrían superar los 100.000 millones de dólares.
Las pérdidas son masivas y suponen la eclosión de buena parte de un mercado por el que circulaban alrededor de 320.000 millones de dólares.
Sólo entre Citigroup y Merrill Lynch, sendos exponentes de la gran banca de Wall Street, las pérdidas suman 20.000 millones de dólares. Las pérdidas han afectado también a otras entidades como Goldman Sachs, JPMorgan, Bear Stearns o ETrade.
Por otra parte los analistas señalan que el impacto de la crisis ha sido especialmente duro para la banca estadounidense, pero también ha cruzado el Atlántico golpeando a entidades crediticias alemanas, británicas y suizas. Entidades como Commerzbank, HSBC, Barclays, Northernrock, UBS o Credit Suisse han tenido que realizar severos ajustes en sus balances para combatir la evaporación del valor de parte de sus inversiones. La preocupación es grande dadas las siderales cifras involucradas. Por ejemplo para Citigroup, con una capitalización de 128.000 millones de dólares, tiene activos de riesgo por valor de 134.000 millones. La exposición de Morgan Stanley en estos términos se situaría en el 251%, del 159% en Lehman Brothers y de manera similar superan el valor del capital de estos bancos en Goldman Sachs (185%), Merrill Lynch (38%) o Bear Stearns (154%). "¿Están suficientemente capitalizados los bancos de EEUU para afrontar provisiones de 100.000 millones? Es la pregunta que se hacen los expertos.
Para Nouriel Roubini en un reciente artículo titulado "El oscuro asunto de la globalización financiera", publicado en su blog, afirma que "la culpa la tiene el fenómeno de la 'titulización', afirma que en el pasado los bancos mantenían los créditos y las hipotecas en sus libros, y así conservaban el riesgo crediticio. Por ejemplo, durante la crisis de la vivienda de finales de los 80 en Estados Unidos, muchos bancos que realizaban créditos hipotecarios (las sociedades de ahorro y préstamo) quebraron, lo que condujo a una crisis bancaria, una contracción del crédito y una recesión en 1990-91.
Se suponía que el riesgo sistémico una conmoción financiera que produce un contagio económico grave se reducía con la titulización. La globalización financiera significaba que los bancos ya no conservaban activos como las hipotecas en sus libros, sino que los incluían en títulos respaldados por activos que se vendían a inversionistas en los mercados de capital de todo el mundo, distribuyendo el riesgo más ampliamente de esa manera.
¿Qué fue lo que no funcionó?, se pregunta Roubini. El problema no fueron únicamente las hipotecas de grado inferior. Las mismas prácticas imprudentes no pedir un pago inicial, no verificar los ingresos y activos de los deudores, las hipotecas fijadas únicamente a las tasas de interés, la amortización negativa, las tasas señuelo se dieron en más del 50% de todas las hipotecas estadounidenses de 2005 a 2007. Puesto que la titulización significaba que los bancos no cargaban con el riesgo y cobraban comisiones por las transacciones, ya no les importaba la calidad de sus préstamos. Además, las agencias calificadoras de los créditos tenían serios conflictos de interés, porque recibían comisiones de los administradores de esos instrumentos. Los encargados de la reglamentación no hicieron nada, ya que la filosofía era el fundamentalismo del libre mercado. *
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