Jorge Jauri *
Crecer no es gratuito. Importa saber que la dimensión del crecimiento actual base sobre la cual se instrumenta el programa económico y social de este gobierno, supone impactos muy fuertes sobre la estructura que un país como Uruguay. No sólo se trata de sustentar el crecimiento; el problema es soportarlo sin que se produzcan demasiados desequilibrios. Y en este país han comenzado a ser evidentes algunas realidades que señalan la aparición de choque con estructuras que no están soportando el ritmo actual de crecimiento. Entre otras cosas porque en el marco de la actual política, el gobierno está utilizando parte importante del excedente en una estrategia de inclusión y desarrollo que exige estructuras y pericias que no están disponibles. Desde una densidad del tránsito automotriz que ya no es soportable por ingenierías intocadas durante decenios, hasta el más delicado e ignoto soporte de ese crecimiento: la calidad del Estado en su función reguladora. La nueva administración se topó demasiado rápido con los problemas de un crecimiento inédito en la última mitad de siglo. Y está lidiando con esa creación de riqueza y sus equilibrios con ostensible dificultad. No es fácil cuando se debe compatibilizar un programa partidario que no ha tenido instancias de actualización con políticas derivadas de él y habilitadas por el crecimiento, con una estructura del Estado y del mercado que no admite innovaciones demasiado delicadas. Pero no es sólo el gobierno el que tiene problemas para lidiar con los equilibrios alterados por ese crecimiento desusado. Todos los vértices del poder aparecen sorprendidos. No se trata sólo de la imposibilidad de mejorar la política monetaria o asegurar la sustentabilidad presupuestal de ese crecimiento a largo plazo. Ahora ni siquiera aparecen como una restricción mayor la obsolescencia del viejo Estado, aún en ese desprecio de la teoría y la institucionalidad reguladora, cuya necesidad aún no ha tenido el tiempo de intentar entender siquiera. Los problemas del crecimiento están desbordando el modelo mismo de la inclusión; lo del Liceo 38 es una alarma estridente. Pero ese desborde también descoloca al mercado, a las prácticas empresariales y le ha pasado por arriba hace un buen rato ya a la tradicional razonabilidad de los sindicatos en este país.
El crecimiento del nivel de actividad y la riqueza acumulada, están determinando la aparición de riesgos morales desconocidos. El viernes pasado se informaron las características del programa que a partir de enero de 2009 debería instalar normas que alteran las añejas estructuras de la registración contable, la auditoria y la información pública de las empresas públicas y privadas. 1 / Ese programa procura generar procedimientos y garantías capaces de incorporar definitivamente las normas de transparencia y calidad de los registros a la normativa de uso corriente en el mundo. El gobierno se apura ante las señales de incompatibilidad entre el crecimiento de la actividad y la obsolescencia forzando una regulación fuerte, pasible de ser alimentada y testeada en línea desde las instituciones profesionales que se ocupan de esto en el mundo IFAC y organismos multilaterales. Y allí aparecen las resistencias corporativas y, otra vez de nuevo, los infinitos tiempos que necesita la Universidad y los gremios profesionales para entender que su responsabilidad en la cobertura de los actuales riesgos morales de un crecimiento de esta naturaleza es anterior, ética y jerárquicamente, a las contribuciones que deben realizar en la misma dirección empresarios, sindicatos y comunicadores.
1/ Seminario "Construyendo las nuevas reglas de juego para la profesión contable y auditoria en el Uruguay" (ver edición de ayer de LA REPUBLICA).
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