Continúa el silencio sobre difíciles situaciones que se están viviendo dentro del Estado que aparecen con singular fuerza en el marco del proceso de transición, las que difieren en las formas pero no en los contenidos. Hablamos de los denunciados "manejos" en que la burocracia estatal trata de camuflar acciones, con el fin de ofrecer un flanco menos claro al próximo gobierno. Han trascendido al respecto situaciones, como algunas no desmentidas que ocurrirían en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde en una especie de juego fantasmagórico estarían desapareciendo legajos, modificándose otros, lográndose que la extensa saga de "acomodos", "privilegios" y presunta "corrupción" sea difícil de detectar.
¿Cómo es posible que dentro del marco de la democracia haya personajes, enquistados en el Estado, que actúen de esta manera? ¿Es posible que el doctor Didier Opertti, todavía ministro y designado secretario general de Aladi, no actúe contra las enormidades denunciadas, poniendo orden o, en su defecto, desmintiendo de plano todas estas versiones?
Muy bien sabemos que es el ámbito de las relaciones exteriores el que han utilizado algunos dirigentes políticos para resolver problemas de clientelismo político, "salvar" situaciones difíciles y multiplicar privilegios para políticos electoralmente frustrados y para parte de una burocracia estatal que busca con sus "misiones" en el exterior obtener buenas ganancias que le permitan a su regreso a Montevideo, luego de los cinco años, reforzar su calidad de vida con bienes que pueden ser adquiridos con las sumas logradas, insolentes en su monto comparadas con la realidad uruguaya.
A ello se suman algunas "corruptelas", como el "negocio" del automóvil anual que pueden adquirir los diplomáticos en misión, sin impuestos, que se ha convertido en el "manejo" que utiliza la mayoría del cuerpo diplomático, represente a quien represente, que ha pervertido lo que es un mecanismo de vigencia internacional, destinado a permitir que quienes cumplen la función en relaciones exteriores, tengan la necesaria movilidad en sus lugares de destino.
Los diplomáticos, a través de empresas que se han especializado en ese "negocio", con solo firmar una serie de fórmulas documentales, compran vehículos que ni siquiera llegan a ver, que son transferidos a quienes se convierten en los verdaderos propietarios, en un pasamanos que le deja al diplomático, propietario del derecho libre de impuestos, una pingüe ganancia.
Las "misiones" en el exterior son el bien más apetecido por toda una burocracia afecta a las reverencias que, cuando se encuentra en Montevideo, ve reducidos sus ingresos de manera más que notoria. Toda una legión de hombres y mujeres que tratan de salir del país, "en misión", pues en ello les va la vida. No resisten cobrar aquí sumas como las que paga el Estado a sus demás funcionarios. Sin embargo en todo este tema hay otros elementos a considerar. Las relaciones exteriores son vitales para el país y no es posible que se encuentren en manos de una burocracia que, además, ha armado una legislación restrictiva que la favorece impidiendo que los gobiernos elijan a los más adecuados para cumplir con la tarea que, en la próxima etapa que comienza el 1º de marzo, es fundamental para el país. Por supuesto que en este concepto no podemos englobar a todos los diplomáticos de carrera, pues entre ellos hay dignísimos profesionales que han tenido logros importantes para el país en el entramado de relaciones internacionales. Sin embargo hay muchos otros que cumplen una tarea anodina, cuyo único objetivo es que transcurran los cinco años de misión.
Tarea difícil es la que tendrán las nuevas autoridades de Relaciones Exteriores para desbrozar la paja del trigo y lograr que el país esté bien representado en el exterior, con un personal diplomático idóneo, que tenga como objetivo posicionar de la mejor manera al país, logrando además, los mejores contactos comerciales y culturales, que sirvan para favorecer a todos los uruguayos. *
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