La caída imparable del dólar que, parece que seguirá su declinación según la opinión de analistas de las más diversas procedencias le plantea a países, como Uruguay, que funcionan dentro de la zona de influencia de la moneda norteamericana, una serie de problemas que, obviamente, deberían integrar con urgencia la mesa de trabajo de quienes dirigirán la economía los próximos cinco años.
Esa situación se resume en una interrogante: ¿Hasta cuándo los bancos centrales de los países que giran en la órbita del billete verde podrán seguir sosteniéndolo, contrariando las tendencias monetarias internacionales?
¿Es posible mantener una paridad ficticia con una moneda que está perdiendo valor día a día? El envío del presupuesto a la consideración parlamentaria por parte del gobierno del presidente George W. Bush, con recortes importantes en todos los rubros vinculados con lo social, así como la reducción de los subsidios a los desempleados e incluso los tan discutidos que se otorgan a los agricultores, ¿no determinará una contracción aún mayor de la economía de EEUU, que deteriore más a su medio de cambio, la moneda dólar?
Existen muchos factores a tener en cuenta y es evidente que la preocupación que existe entre los exportadores y los productores de materias primas uruguayos, que hoy comercializan materias primas con fluidez en el exterior, materias primas sin trabajo agregado, deberían también contemplar y analizar esta situación fluida, la de la caída del dólar, una problemática que va más allá de que dentro de fronteras defendamos una paridad que haga competitiva en exterior nuestra producción.
Si el dólar sigue cayendo, como pronostican muchos analistas, estaríamos en un camino imparable dirigido a una crisis en los EEUU y su zona de influencia, que no podría ser resuelta por la Reserva Federal, con una nueva baja de los intereses, que determinara un impulso al mercado interno e impulsara una reactivación de la alicaída economía norteamericana.
Por ello nos preguntamos: ¿hasta cuándo el Banco Central, sin provocar otros males en nuestra economía, podrá seguir comprando dólares para mantener una cotización que sea adecuada a los intereses de nuestro comercio exterior?
El tema es grave. En Uruguay, bien lo sabemos, el Banco Central tiene la costumbre suicida de dirigirse al abismo con los ojos abiertos. Ya lo ha dicho el propio Fondo Monetario Internacional que, aventando todas las afirmaciones en contrario de nuestro gobierno, sostiene que "la ausencia en Uruguay de una supervisión consolidada y la falta de intercambio de información entre las autoridades de este país y las argentinas, contribuyeron a desestimar el riesgo de contagio del sistema bancario uruguayo lo que desembocó en la crisis del 2002". Una afirmación nueva, coincidente con lo que hemos afirmado desde estas páginas desde hace mucho tiempo, en que queda en claro la miopía de una política económica paralizante que, como era de esperar, desembocó en un desbarranque que determinó la caída de nada menos que cuatro bancos.
¿No estaremos ante otra situación de la misma gravedad? El nuevo gobierno que tendrá al contador Danilo Astori al frente de la economía, debería tener en cuenta estos extremos. Es que la crisis del dólar, que se avecina, si no se toman las medidas adecuadas que, además, son de urgente adopción, nos golpeará de manera muy dura.
Es lo previsible. *
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