La reacción de los dirigentes blancos y colorados reclamando un aumento de los cargos otorgados a sus partidos en la dirección de la ANEP viene a mostrar con palmaria claridad la repetición de conductas que han caracterizado a los partidos tradicionales en los últimos años.
El asunto es particularmente llamativo en el Partido Colorado, pero también el fenómeno alcanza al Partido Nacional.
El coloradismo alcanzó la votación más baja de su historia, constituyéndose en menos de la quinta parte del electorado de la izquierda.
En la mayor parte de los países donde funcionan democracias con características similares a la nuestra, una derrota electoral de esta magnitud genera, en las entidades políticas perdidosas, procesos de reflexión, surgimiento de críticas, reconocimiento de errores, etc. Consiste, simplemente, en un acto mínimo de respeto y consideración hacia sus electores y hacia la ciudadanía en general.
Cuando se trata, como en el caso de Uruguay, de partidos que poseen una larga permanencia en el gobierno nacional, la necesidad de esta reflexión y autocrítica es considerablemente mayor ya que sus errores difícilmente pueden ser atribuidos a la improvisación o al desconocimiento.
El naufragio de los elencos blancos y colorados es el de gente que en su vida no ha hecho otra cosa que gobernar. El Estado no tiene secretos para ellos.
La ausencia de reflexión crítica, de investigación acerca de las razones por las cuales quedaron en nada los compromisos asumidos ante la ciudadanía, con programas como por ejemplo el de 1984 de tonos hasta social-democrático, donde se hablaba de defensa de la industria nacional, aumento de salarios, lucha contra la corrupción, defensa del patrimonio y mejora en la gestión del Estado.
¿Dónde quedaron todas aquellas postulaciones?
¿Por qué razones el país está en muchos puntos igual o peor a como lo estaba a la salida de la dictadura?
Cuando ahora se pone el acento en reclamar cargos y hasta se habla de que la no consagración de un reparto de tres y dos afecta, como dijo el doctor Da Rosa, "la dignidad y la respetabilidad de los partidos" se está demostrando que una vez más los sectores tradicionales apuestan a procesos de construcción (o reconstrucción) de sus partidos sobre la base de la reproducción de la pirámide clientelística.
Al mismo tiempo, y esto es especialmente notable en el coloradismo, la ceguera ante la derrota se acompaña de la supervivencia de los mismos liderazgos, varios de los cuales ya tienen más de medio siglo alternando en posiciones de poder del Estado.
La única modificación del perfil ideológico del coloradismo es su creciente deslizamiento hacia la derecha y la hostilidad con que se enfrentan internamente a las escasas fuerzas renovadoras que impulsan otras líneas de acción.
En ese sentido, a diferencia de lo que ocurrió en otras etapas históricas del batllismo, los dirigentes políticos liderados por Sanguinetti y por Batlle han cerrado filas para obstaculizar que desarrolle su punto de vista la corriente crítica liderada por el doctor Ope Pasquet Iribarne del Batllismo Abierto, quien brega por un funcionamiento democrático de su partido y un recorrido de actualización programática e ideológica.
Como bien lo describía en su artículo de la edición de ayer Horacio Buscaglia, la relación de los líderes políticos tradicionales con la ciudadanía se hace a partir de detentar el virtual monopolio de los medios de comunicación para llevar adelante su prédica política.
Medios de comunicación que le siguen concediendo a un partido minoritario como el Colorado todas las oportunidades de macanear públicamente lo que desee.
Esta relación de promiscuidad existente entre los gobernantes salientes y los medios de comunicación que actúan a su servicio y medran en complicidad con ellos es uno de los puntos débiles de nuestra democracia. *
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