Sábado, 26 de febrero, 2005 - AÑO 9 - Nro.1757
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LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Los escritores también meten la pata

JUAN MENDIETA

Algunas lecturas que solazaron mi licencia estival me permitieron detectar algunos errores, en que incurren también los escritores y que me llamaron la atención.

Fuerza es concluir que los yerros gramaticales no son patrimonio exclusivo de los sacrificados cronistas que a diario lo informan a usted, caro lector, y de cuyas barrabasadas suele nutrirse esta columna, puesto que poetas y narradores también meten la pata.

Lo primero que me sorprendió fue advertir un error de concordancia, que se repite con frecuencia, en una excelente novela histórica que tuve el placer de releer. Se trata de la famosa construcción con se, en la que el verbo debe conjugarse en tercera del plural si el complemento es plural: Se oyó un ruido; Se oyeron unos ruidos. Pues bien, me encuentro con estos dos enunciados extraídos textualmente de la novela en cuestión: "Salvo que se tocara los muy contados temas de su interés, permanecía callado". "A caballo regalado no se le mira los dientes".

Como se advierte en ambos casos, el escritor ha mantenido el verbo en tercera del singular aunque el complemento es plural. Los gramáticos son contestes en considerar que esta construcción es una variante de la voz pasiva; es lo mismo decir El francés es hablado en una provincia del Canadá que En una provincia del Canadá se habla el francés. Y tanto da decir En los cuarteles los árboles son pintados de blanco como En los cuarteles se pintan los árboles de blanco. Diremos, pues: Las decisiones que se tomaron; No se conocen los nombres de los asaltantes; etcétera. De modo que el refrán es A caballo regalado no se le miran los dientes.

Ojo que hay excepciones. El verbo debe mantenerse invariable en tercera del singular cuando es seguido de una preposición cualquiera: Se ven unas casas, pero Se ve a varios hombres armados; No se dispusieron medidas extraordinarias, pero No se dispuso de las herramientas adecuadas. Se tienden las redes, Se imitan los programas, pero Se tiende a imitar los programas.

En otro libro me encontré con la oración siguiente: "Tuvimos que beber aquel agua tibia y nauseabunda". Es cierto que los sustantivos femeninos que comienzan por a acentuada (no sólo gráficamente sino también fónicamente) cambian el artículo en singular: decimos el hacha (y no la hacha), un ala (y no una ala), un ánfora (y no una ánfora), el hambre (y no la hambre) etcétera; si la a inicial no está acentuada, se mantiene el artículo femenino singular: una amatista, la administración, etcétera. Ahora bien, este fenómeno sólo rige para el artículo singular: ni el artículo plural, ni ningún otro determinante modifica su género. Así, decimos Se hallaron unas ánforas rotas; Esa hacha tiene el filo mellado; Las aguas servidas; Ninguna ala del castillo quedó sin visitar; Aún se oyen los lamentos de aquella ánima en pena; De esta agua no has de beber; etcétera. Por tanto, se debería haber escrito "...beber aquella agua tibia...".

--Yo le propongo, amigo Mendieta, que en lugar de beber aquella agua tibia y nauseabunda, nos tomemos otra amarga con vermú con bastante hielo...

--¡Qué lo parió! *


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