Después del acto electoral de octubre pasado, y mientras el gobierno electo iba conformando su elenco ministerial, los primeros contactos con la oposición --especialmente con el Partido Nacional, la mayor fuerza opositora-- no parecían conducir a los necesarios acuerdos políticos. Luego surgieron cuestionamientos --absurdos cuestionamientos-- respecto de la proporcionalidad de cargos en los organismos estatales; se hacía hincapié en que la fuerza ganadora lo había sido con un margen demasiado exiguo y que no era justo que tuviera mayoría de miembros en entes y servicios.
Durante el verano las asperezas fueron limándose poco a poco y se llegó a entendimientos que permitieron avizorar la concreción de acuerdos. Así, la intransigencia fue cediendo paso y las posturas más dialoguistas dentro del Partido Nacional empezaron a primar sobre la rigidez.
Finalmente, cuando faltaban pocas horas para la asunción del nuevo Poder Ejecutivo y se mantenía la incertidumbre en cuanto a lograr un acuerdo mínimo entre gobierno y oposición que allanara el camino de cambios que todos los uruguayos aguardan ansiosos, el jueves pasado la principal fuerza opositora --el Partido Nacional-- dio el sí a la propuesta del gobierno electo.
El último obstáculo que debió sortearse fue el que surgió con motivo de la integración de los organismos de la Enseñanza Pública, a raíz de la pretensión de blancos y colorados de que se aplicara el famoso criterio del "tres y dos" (para los entes cuyo directorio consta de cinco miembros, tres corresponden al oficialismo y dos a la oposición). Este principio había logrado rango constitucional durante la vigencia de la carta de 1952, pero fue eliminado en la que rige actualmente, por lo que la integración de los organismos estatales es potestad del gobierno y dependerá, en última instancia y si éste no cuenta con mayoría en las Cámaras, de los acuerdos interpartidarios que puedan lograrse.
No era de recibo, pues, el ofuscamiento de los partidos tradicionales por el hecho de que el gobierno se proponía designar a cuatro de los cinco miembros de los organismos de enseñanza dejando uno para la oposición. No correspondía poner en riesgo un acuerdo nacional que permite un consenso mínimo para diseñar las grandes líneas de desarrollo de políticas de Estado.
Finalmente, pese a las renuencias de algunos dirigentes nacionalistas, prevaleció el buen sentido, y la fuerza política que concitó la adhesión nada despreciable de más de un tercio del electorado superó el inconveniente, no hizo cuestión del número de cargos y se avino a integrar los organismos estatales en las condiciones acordadas. El Partido Colorado, por su parte, se sintió agraviado y optó por la autoexclusión: ninguno de sus cuadros integrará entes ni empresas públicas. Entendemos que es una decisión lamentable, pero teniendo en cuenta el escaso porcentaje de votos logrado por el otrora poderoso partido de Rivera --un exiguo diez por ciento del electorado que lo ubica en un lejano tercer lugar-- su ausencia en las empresas públicas, entes y servicios no reviste la trascendencia política que tendría la del nacionalismo.
Debemos saludar el triunfo de la sensatez, pues a pesar de que el EP-FA-NM obtuvo la mayoría absoluta de votos, siempre es mejor para el funcionamiento del sistema político --y para el país en su conjunto-- que se logren acuerdos entre los distintos partidos, oficialismo y oposición.
Como dijimos cuando comenzaron las conversaciones, "no se trata, obviamente, de pretender unanimidades imposibles, sino de establecer bases para ciertos acuerdos mínimos que permitan una tarea de gobierno (ejecutiva y legislativa) más fluida y más eficaz.
En última instancia, no olvidemos que la ciudadanía envió un mensaje claro el 31 de octubre. No solamente porque dio la mayoría a la izquierda y su programa de cambios sino, también, porque un alto porcentaje de quienes emitieron su voto a favor del doctor Larrañaga lo hicieron con la convicción de que, ellos también, estaban apostando al cambio y veían en la propuesta nacionalista una intención de romper con el statu quo".
Mañana el país comenzará a transitar oficialmente el camino de cambios que la gente espera con alegría. *
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