JULIO GUILLOT
En medio del ajetreo que significó la cobertura de la Macro Rueda de Negocios Venezuela-Uruguay, los periodistas uruguayos pudimos hacernos un tiempo para aproximarnos a la realidad social del país caribeño y conocer, por lo menos parcialmente, las políticas sociales desarrolladas por el gobierno de Chávez.
Hablando con uno de los empresarios que asistieron a las negociaciones en el hotel Radisson, me enteré del interés de la Corporación Casa, un organismo paraestatal venezolano, en importar alimentos (carne, granos, lácteos, etcétera). Supe, entonces, que dicho organismo es el encargado de suministrar la canasta familiar básica para 15 millones de individuos por debajo de la línea de pobreza. Cuesta concebir que un país que cuenta con los recursos naturales de que dispone Venezuela deba atender las necesidades alimenticias insatisfechas de nada menos que 15 millones de venezolanos, es decir algo más de la mitad de la población. Esa sola cifra basta para calibrar la magnitud de la injusticia distributiva, la profundidad de la brecha que separa a los cada vez más ricos (y cada vez menos numerosos) de los cada vez más pobres cuyo número no cesa de crecer; como puede apreciarse, el modelo concentrador y excluyente tiene efectos devastadores de intensidad variable en todas las latitudes.
La situación que heredó el gobierno popular (y hago hincapié en el adjetivo ya que estamos acostumbrados a que la derecha le endilgue el otro, definitivamente peyorativo, de populista), la realidad --repito-- que debió enfrentar el presidente Chávez al asumir la Presidencia del país es el resultado de años y años de despilfarro criminal de una riqueza que, además, no es inagotable.
Es así que el viajero que llega a Caracas queda impactado por los contrastes: una urbe ultramoderna llena de edificios imponentes, surcada por autopistas, tréboles y túneles por donde circulan miles de vehículos (el litro de nafta cuesta ¡un peso!), rodeada de cerros en cuyas laderas se arraciman las viviendas donde se hacinan los no privilegiados. En rigor, no es un panorama demasiado diferente del que ofrecen otras aglomeraciones urbanas del tercer mundo.
Al igual que en nuestro país, el gobierno popular del presidente Chávez debió hacer frente a la emergencia social como primer y urgente desafío. Pero lo más interesante del caso es comprobar que los planes de desarrollo social, las políticas sociales del gobierno chavista no se agotan en el asistencialismo. Antes bien, las autoridades centran sus esfuerzos --sin dejar de atender la emergencia-- en transformar el modelo económico para llegar a un modelo real de economía social, incorporando a los ciudadanos --especialmente a los sectores excluidos-- al desarrollo endógeno y sustentable mediante la formación y el trabajo integral. De lo que se trata, en definitiva, es de articular el proceso educativo al proceso productivo y orientar el esfuerzo hacia actividades económicas estratégicas con mayor capacidad generadora de empleo; téngase en cuenta, además, que durante el tiempo de estudio para la formación profesional, el trabajador recibe una beca-salario.
Los periodistas uruguayos visitamos el Núcleo de Desarrollo Endógeno "Fabricio Ojeda" (en homenaje al luchador social que abandonó su banca en el Congreso para sumarse a la guerrilla y murió en las mazmorras del Servicio de Inteligencia), ubicado en Catia, en un predio de Pdvsa destinado antiguamente a depósito de combustible y que estaba desafectado desde hacía 12 años. Se trata de una experiencia piloto considerada, luego de un año de actividad, como un modelo a seguir no solo en Venezuela sino también a nivel internacional.
En una superficie de aproximadamente 16 hectáreas, los vecinos de la zona disponen de una serie de servicios que tienden a satisfacer legítimas demandas de los pobladores y a mejorar su calidad de vida: atención médica, farmacia, supermercado con precios subvencionados, centros recreativos, canchas deportivas, además de fábricas gestionadas en forma cooperativa. Entre mil 500 y dos mil personas son atendidas diariamente en el Núcleo.
Un hecho a destacar es que la construcción de las instalaciones del Núcleo estuvo a cargo de más de 300 personas de las comunidades cercanas, organizadas en 24 Cooperativas de Construcción, en un trabajo mancomunado con la Brigada de Ingenieros de la Armada; sin duda, todo un ejemplo de integración de las FFAA a la sociedad civil.
En este Núcleo están presentes varias Misiones (Robinsón, Ribas, Vuelvan Caras, Barrio Adentro, Mercal) cuya fuerza popular es garantía para el desarrollo sustentable de la zona a partir de proyectos cooperativos y socioculturales. Allí, en el lapso de un año, se han generado más de 780 empleos directos merced a la formación de trabajadores-cooperativistas que hoy se desempeñan en cooperativas de producción textil, de calzado, agrícola y de servicios (supermercado y otros), así como un módulo de información atendido por personas con discapacidades; esto sin contar la Clínica Popular y la Botica (despacho de medicamentos) Popular.
En la Clínica Popular de la Misión "Barrio Adentro" se brinda cobertura sanitaria de segundo nivel: medicina ambulatoria con varias especialidades, emergencia pediátrica, estudios, análisis, etcétera; la Botica Popular, por su parte, despacha medicamentos con un descuento de 85 por ciento; el Súper Mercal es atendido por la cooperativa "La Paz de Gramoven"; la fábrica textil es operada por personas formadas en la Misión "Vuelvan Caras" y nucleadas en la cooperativa "Venezuela Avanza"; el mismo origen tienen los 140 "lanceros" que producen calzado, integrados en la cooperativa "Nuenfao" que abastece al mercado interno y exporta a Cuba.
En una segunda etapa, se piensa lograr que el Núcleo cuente, además, con: escuela, centro maternal, centro de rehabilitación integral, comedor solidario, auditorio-gimnasio, biblioteca y otros servicios tendientes a cubrir las necesidades y a dignificar a todos esos seres humanos, víctimas inocentes de las injusticias del sistema.
Huelga decir que resulta prácticamente imposible, en esa zona, encontrar siquiera un escuálido (así se llama a los opositores): toda esa gente humilde que lleva a sus espaldas varias generaciones de exclusión y miseria, ve en el gobierno actual a una suerte de redentor. Por eso me inclino a considerar que el de Chávez es un gobierno popular y rechazo el calificativo de populista con que se lo pretende denigrar. *
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