JORGE SCURO
Dice el filósofo español Fernando Sabater: "Tengo la convicción de que la educación está ligada íntimamente a la ética; ésta es una cuestión más que todo de educación, no es una cuestión de dedicarse a hacer grandes reflexiones entre las personas adultas". Es decir, es una tarea práctica no teórica. La ética la descubre el niño y el joven en la experiencia cotidiana. Va viendo en el gran espectáculo que le ofrece el mundo cosas imitables y otras rechazables. Aceptará como dignas de aprecio aquellas que realizan las personas que él quiere. No interesa tanto el definir la ética o en qué consisten los valores morales sino en reconocerlos y vivirlos. Si luego con la madurez pueden ser cabalmente comprendidos y expresados ¡fantástico! Lo inverso no sirve ni a la persona ni a la sociedad.
A la hora de enunciar un elenco de valores éticos podemos esmerarnos en presentar listas muy depuradas. Estarán presentes la fraternidad, la solidaridad, la honradez, etc. Pero en esta línea de propuestas no llegamos a lo esencial: la reciprocidad que tiene el valor moral, el compromiso personal que supone un buen comportamiento ético.
Quiero decir que de nada vale que reclamemos lo que no damos. Nada que no surja de la humanidad de nuestra condición, de la racionalidad y la inefable semejanza entre nosotros puede ser siquiera propuesto. No es válido como norma de vida ni de convivencia. Lo que cada uno hace con su propia vida es lo que ofrece a los demás y, humildemente considerada la fragilidad humana, lo que cabe esperar.
Sigue diciendo Sabater: "Enseña más el maestro al educar con su propia humanidad que al instruir cualquier cosa que enseñe; esto es lo que creo que hay que introducir cuando se habla de ética". Yo agrego aquí donde dice maestro puede decir "padres", y no me refiero sólo a la escuela, me refiero también a la casa, a la calle.... a la vida.
Ustedes me dirán: ¡Ah! ¡qué duro ser padre o maestro! ¡Qué exigencia tan fuerte! Sí, es así si realmente uno busca un mundo, unas relaciones más éticas, es decir más humanas. Pero también digo que el niño y el joven están sujetos a la reciprocidad, aquello que ellos dan los habilita a pedir, de acuerdo con sus medidas y proporciones. El niño y el joven tiene que saber que, ellos en su mundo, generan derechos y obligaciones con sus comportamientos, en su medida y conveniencia.
Si no fuéramos nosotros mismos los creadores y moderadores de la ética que queremos ¿quiénes deberían serlo: los libros, los policías, los filósofos, los "curas", las "monjas"? ¿Verdad que hay sólo una respuesta posible?
Como cristiano, es decir para quien acepta la fe que vivió y enseñó Jesús, no se simplifica la tarea creadora de la ética sino que se acentúa. Sabe que podrá recibir mal por bien y sin embargo no se dará por vencido. Seguirá siempre dando lo mejor de sí.
Cada uno da, lo que recibe
luego recibe lo que da.
Nada es más simple
no hay otra forma
Nada se pierde, todo se transforma.
Jorge Drexler. *
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