En las últimas horas se produjo una curiosa e imprevista instalación mediática orientada a intentar demostrar que el gobierno "trabaja" para un presunto pacto con el objetivo de que todo quede como está.
No por ser una mentirilla de patas cortas hay que dejarla pasar y mucho menos prosperar.
Todo comenzó con un informe del corresponsal en Montevideo del Diario Clarín de Argentina. El periodista aseguró que según "una alta fuente blanca", el presidente Tabaré Vázquez votaría una nueva amnistía. Incluso fue más lejos y le puso fecha a ese evento: el próximo 10 de diciembre.
El Presidente de la República desmintió en términos categóricos la especie informativa basada en el testimonio de esa alta fuente blanca.
Transcurrieron apenas 48 horas de las claras y firmes expresiones de Tabaré Vázquez, y cuando parecía que se aquietaban las aguas, sobreviene otra "noticia" publicada por el diario El País en base a fuentes "allegadas a la investigación". Esta vez en lugar de hablar de amnistía, el diario que convalidó en la década infame todos los desbordes de los civiles y militares que traicionaron la Constitución y el legado artiguista, refiere a que el gobierno "evalúa" abandonar las excavaciones en el Batallón 13 de Infantería Blindado.
Una vez más las autoridades, en este caso es el propio comandante en jefe del Ejército, Angel Bertolotti, quien a través de su más cercano colaborador echa por tierra "la versión".
A esta altura cabe preguntarse qué hay detrás de estas operaciones mediáticas. Acaso se podrían explicar como una venganza de la derecha más retrógrada por los avances alcanzados por el gobierno en materia de derechos humanos para echar luz a las sombras artificiales, instaladas por sucesivos gobiernos que le precedieron. O será una operación que tiene como finalidad generar el descrédito de quienes recogiendo las mejores tradiciones nacionales se muestran empeñados en llegar a la verdad.
Es cierto que en los últimos quince días se han vivido instancias de ansiedad, en familiares de los patriotas detenidos desaparecidos, en las entidades defensoras de los derechos humanos, en la gente de bien, que es mucha y claramente mayoritaria en este país, porque se trata de descorrer un velo que estuvo tapiado por tres décadas.
Los restos aún no han aparecido, pero ¿quién iba a suponer 5, 10 o 20 años atrás que los uruguayos asistiríamos al verdadero gran paso institucional de que las puertas de los cuarteles se abrieran para que los científicos y los forenses pudieran trabajar en esa paciente y titánica labor de descubrir las huellas de lo que otros, enemigos de la vida, trataron de borrar para siempre?
Son tiempos augurales y no sólo en materia de derechos humanos, de búsqueda sin pausa de los caminos que conduzcan a la verdad y a la justicia.
Para que los asesinados y los desaparecidos, y sus seres queridos, puedan descansar finalmente en paz.
Para que los dictadores, civiles y militares, responsables directos de las prácticas de terrorismo de Estado paguen con prisión sus crímenes. Ellos tendrán las garantías constitucionales y legales que sus víctimas no tuvieron.
Eso es la democracia. Lo que seguramente les cuesta entender a quienes escondidos en el cobarde anonimato lanzan rumores y falsedades para enturbiar el proceso de cambios que transita el país.
Tal vez sea eso lo que duele y explique su actitud mezquina. Uruguay ha comenzado a moverse, la lógica imperante desde mediados de los '80 del "no se puede", que llevó a la postración a la República y a la resignación a sus habitantes, está siendo desplazada por la lógica del "sí se puede", en una tarea que por cierto no será fácil pero que sí tiene un rumbo bien definido. *
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