Mientras la presión norteamericana se hace sentir con fuerza insoportable en casi toda América Latina, en la región se extiende el convencimiento de que sólo avanzando en proyectos de cooperación entre las naciones del continente se conseguirá frenar la ofensiva que en todos los terrenos despliega Washington sobre los destinos de nuestros pueblos.
En este contexto, la reunión realizada el miércoles en Iguazú entre los presidentes de Argentina y Brasil resulta de una gran significación a escala continental y muy especialmente para nuestros países embarcados en la experiencia de construcción del Mercosur. Tal como lo refleja una nota de Stella Calloni en el diario La Jornada de México, que ha jerarquizado el encuentro entre los mandatarios realizado en Argentina, en un momento político clave en que los cambios realizados por Néstor Kirchner en su gabinete marcan la decisión de dar un vuelco en la situación social, el presidente argentino suscribió hoy nuevos acuerdos con su par Lula da Silva, de Brasil, para fortalecer el Mercosur con la firma de la Declaración de Iguazú, que incrementará la cooperación en áreas estratégicas y fortalecerá los vínculos entre ambos países.
Ambos mandatarios dieron una importante señal al comprometerse a reforzar la alianza estratégica entre Argentina y Brasil, al remarcar la necesidad de una actuación conjunta frente a los organismos de crédito, para eludir cualquier tipo de condicionamiento que pueda afectar los nuevos planes de desarrollo.
También importa para Uruguay la decisión de culminar antes del 31 de enero de 2006 "un instrumento capaz de evitar el impacto de los desequilibrios en el comercio y asimetrías entre sectores productivos de ambos países, con propuestas para equilibrar y dinamizar el comercio bilateral".
Los acuerdos comienzan con un fuerte tono político para fortalecer el proceso de cooperación, integración y amistad en favor "de valores y objetivos comunes, tales como el desarrollo con equidad, la erradicación del hambre y la pobreza, y la promoción de la democracia y los derechos humanos".
Señalaron que la alianza Argentina-Brasil "es la llave para el éxito" del proyecto de integración, donde se destaca la importancia de la profundización y consolidación del Mercosur y la construcción de la Comunidad Sudamericana de Naciones.
En este aspecto, se estima que la integración regional es base sólida "para la negociación de acuerdos comerciales más equilibrados y justos en los ámbitos regional, extrarregional y americano en el contexto de la Organización Mundial de Comercio".
Ambos se expresaron por el fortalecimiento del multilateralismo "como mejor forma de lidiar con los grandes desafíos contemporáneos: el respeto al derecho internacional, la lucha contra el terrorismo y el combate al racismo y la intolerancia".
Destacaron el compromiso de Brasil y Argentina para ayudar a la reforma de Naciones Unidas, y al rescatar términos del Consenso de Buenos Aires, de octubre de 2003, determinaron abogar conjuntamente "en el ámbito de las instituciones multilaterales de crédito" para evitar la imposición de condiciones "que afecten la capacidad de los gobiernos de promover políticas de crecimiento, empleo digno e inclusión social".
Visto desde la óptica de Uruguay, también resultan significativos los "compromisos para la consolidación democrática y el fortalecimiento institucional de Sudamérica, con el debido respeto al principio de no intervención en los asuntos internos de los estados".
Para nuestro gobierno resulta fundamental no quedar al margen de este relanzamiento del proceso de integración regional.
Las naciones latinoamericanas tienen una historia compartida y fuertes intereses en común. Al mismo tiempo no dejan de incidir los intereses nacionales de cada Estado. De ahí la importancia de mantener nuestra presencia e iniciativa en los cambios que se avecinan en el plano de la integración regional.
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