La búsqueda de restos de víctimas de la dictadura ha entrado en una fase de especial intensidad.
El impacto provocado en la población por el hallazgo de restos humanos --que dentro de toda verosimilitud pertenecen a una de las víctimas del terrorismo de estado-- en un terreno próximo a la localidad de Pando ha conmovido al país entero, desde sus autoridades principales hasta todos los que vienen siguiendo, a través de los medios de comunicación, las peripecias de esta búsqueda postergada durante más de treinta años.
En un instante, el país se reencuentra con algo de sí mismo al que desde las cimas del poder se había pretendido enterrar para siempre.
Las imágenes emblemáticas de esos restos inanimados son más elocuentes que mil discursos.
Yacente, con su osamenta entera, el cuerpo del detenido desaparecido dejó de ser pasado.
Ya no hay que dar vuelta la cabeza hacia atrás para verlo.
¡Qué inútiles y mezquinas resultan hoy todas las apelaciones de dejar atrás el pasado y mirar hacia delante!
Ahora miramos adelante y vemos esas formas óseas enterradas que parecen decir "aquí estoy", devolviéndonos un fragmento de la historia ocultada de la dictadura.
En el terreno cuadriculado, con decenas de otras excavaciones, los restos del detenido desaparecido le dicen "aquí estoy" tanto al Uruguay solidario que nunca los olvidó como a los que bregaron, una y otra vez, y con mil métodos, por dar vuelta la página y dejarlo allí para siempre, olvidado y enterrado.
Es un "aquí estoy" que hay que asumir.
Todos sabemos que en ese y en otros terrenos, dentro o fuera de las unidades militares, hay otros cuerpos enterrados que están esperando que se haga la luz de la verdad. Ayer, por lo pronto, un nuevo hallazgo, esta vez en el Batallón Nº 13, nos impulsa a continuar en esa dolorosa pero necesaria tarea.
Ha sido la hora, también, de los conmovedores testimonios de los compañeros de militancia y de prisión de Arpinio Vega y Chávez Sosa.
Esos testimonios, realizados desde el dolor y sobriamente, nos devuelven las imágenes y los perfiles de los compañeros en su vida de trabajo y de militancia, de padre, de esposo.
No resulta fácil establecer por escrito todas y cada una de las reflexiones que merecen estos hallazgos impresionantes y reveladores.
Podemos decir sí que son el resultado de muchos esfuerzos, de luchas tenaces, llevadas muchas veces en solitario por algunas ONG, algunos partidos, alguna prensa de izquierda y algunos incansables periodistas de investigación.
Lo hace posible, también, lo materializa, la acción de un gobierno mandatado por el pueblo para buscar la verdad.
Un gobierno que ha sentido desde la primera hora que esa búsqueda de la verdad y la realización de la justicia con relación a crímenes contra la humanidad son condición imprescindible para el desarrollo de la convivencia civilizada en el país.
Las búsquedas continuarán, con la misma sed insaciable de verdad.
Es inútil repetir los nombres de nuestros compatriotas que yacen enterrados pero no olvidados.
Algo muy de fondo está cambiando en el país. Así lo siente la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
Por su mandato se excava y se busca. Y la luz de la verdad será beneficiosa para todos los uruguayos.
La emoción y la conmoción se justifican. *
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