Los partidos de la oposición critican a la administración porque en el seno de la fuerza política mayoritaria existen debates internos acerca de las cuestiones de gobierno sobre las cuales, dada su significación política, se despliegan debates entre las distintas fuerzas que lo componen.
La existencia de divergencias internas y su resolución por la vía de las discusiones y resoluciones democráticas no son una novedad en el Frente Amplio.
Cualquiera que examine las particularidades de esta fuerza política, que la hacen una excepción en el plano latinoamericano, se encontrará que sólo a partir de una práctica interna de debates democráticos ha sido posible aunar las distintas tradiciones de la izquierda y el progresismo uruguayo.
¿Cómo entender que desde hace más de treinta años coexistan tendencias que en el resto del continente rivalizan encarnizadamente?
¿Cómo entender, si no es a partir del debate arduamente elaborado, se haya conseguido no sólo agrupar, en 1971, a tendencias procedentes del Partido Colorado, como la liderada por la doctora Alba Roballo y el senador Zelmar Michelini, o del Partido Nacional, como el senador Francisco Rodríguez Camusso, o el senador Enrique Erro, sino además continuar incorporando a otros desprendimientos de los partidos tradicionales?
La existencia de una serie de mecanismos de participación de la base de afiliados y militantes de los partidos de izquierda, o de los que no siendo militantes de ningún partidos en especial lo son del Frente Amplio, ha sido un factor de dinamismo político constante, permitiendo la expresión de los distintos matices y brindando posibilidades de existencia, con perfil propio, a distintas tendencias que, de lo contrario derraparían hacia fuera del agrupamiento que contiene, continenta y acumula fuerzas.
Contrariamente a lo que ocurre en los partidos tradicionales, la existencia de esta vida interna, que justamente porque es vida y no mero disciplinamiento, es lo que le ha permitido a la izquierda sobrellevar tan largo período de existencia y de práctica del gobierno (en el plano departamental y ahora nacional) manteniendo su unidad y al mismo tiempo logrando un crecimiento ininterrumpido en sus apoyos electorales.
Los dirigentes de los partidos tradicionales, que tienen sobre sí la responsabilidad de haber perdido sus bases electorales, cometen el error de formularse preguntas, de no cuestionar sus rutinas de acción política, de ser esclavos de rutinas mentales que les impiden ver la realidad y lo que ésta enseña.
¿No habrá llegado la hora de ir creando instancias democráticas y participativas, como antaño tuvieron, en el seno de los viejos partidos y abrir el campo a otras voces, a otros líderes y, sobre todo, no será la hora de dar posibilidades de participación a otros ciudadanos, que no son políticos profesionales en la discusión y decisión de sus posiciones políticas?
En la resolución de estas cuestiones está el destino futuro de los partidos que, durante decenios, condujeron al país. Los gobiernos de ambos, en los últimos 20 años mostró hasta qué punto eran incapaces de resolver los problemas del país. Por esa razón perdieron el respaldo ciudadano. Los tiempos políticos son inapelables y las oportunidades de recuperación no son eternas. No hay ninguna razón para no esperar que el Frente Amplio siga aumentando su caudal electoral y no tiene otra forma para crecer si no es a expensas de las viejas formaciones estancadas. *
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