ngresamos en el 2006, un año caracterizado por promesas de inversión y la caracterización de que nuestro Uruguay comenzará una etapa en su economía que, el propio presidente, Tabaré Vázquez, denomina como la de "País productivo" Son los anuncios positivos a los que todos los uruguayos debemos sumar nuestro esfuerzo inteligente pero, sin dejar de analizar, los aspectos negativos de una situación difícil que, sabiendo que por más que los número de la macroeconomía muestren logros, existen aspectos, como el desempleo, que son un lastre que cuestiona el todo.
Nos gustaría conocer algo más que los titulares que ha trasmitido el ministro de Economía, Danilo Astori, sobre los proyectos para la inversión extranjera que aseguró, comenzará a venir en el transcurso de este año. ¿Cuáles son los buenos negocios que le ofrecerá el país al capital transnacional para lograr su masivo ingreso?
En la actual coyuntura no advertimos como será posible, sin alterar algunas estructuras consolidadas y laudadas, lograr que los grandes negocios nacionales, como las empresas públicas, den acogida a esos capitales. Se menciona la venta de acciones, luego de que se las convierta en sociedades anónimas. ¿Pero eso es posible en la actual coyuntura política del país? ¿El partido de gobierno estaría en condiciones de soportar un cambio en su política de propiedad estatal de las empresas pública de la tal magnitud?
El tema es espinoso y no cabe otra cosa que dilucidarlo públicamente, porque en estos asuntos polémicos es necesario para no crear anticuerpos y que se entiendan los beneficios, aclarando las situaciones. Que no ocurra algo parecido al estallido que se diera cuando se consideró la participación en las maniobras Unitas, ni la sangre de la división llegue al río, como ocurriera con la consideración del Tratado de Protección de las Inversiones Recíprocas entre Estados Unidos y Uruguay.
El gobierno se enfrenta a un año difícil, lleno de expectativas de parte de la gente que, además, espera logros concretos, especialmente en el tema del abatimiento del desempleo, un mal endémico que pese a las buenas cifras de la macroeconomía, sigue consolidado en el entorno del 12%.
También es el año de la reforma impositiva. La clase media uruguaya de alguna manera está preocupada por los anuncios surgidos desde el Ministerio de Economía sobre el alcance del IRPF que, de acuerdo al proyecto inicial, la afectaría de manera decisiva. Sin embargo el propio ministro Astori indicó que serán tenidos en cuenta muchos de los reclamos recibidos por la cartera, aumentando los mínimos imponibles y estableciendo deducciones, necesario mecanismo que caracteriza a la renta, porque es evidente que un mecanismo "al barrer" era intrínsicamente injusto y sancionaría al trabajo por sobre otros aspectos.
Es otra difícil acción que conmoverá a los uruguayos y que requerirá que el ministro de Economía ponga en juego todas sus dotes de comunicador, para hacer entender todos los alcances de la propuesta que finalmente se hará. La equidad, en la reforma impositiva, es un elemento fundamental que no puede dejarse de lado en aras de temas menores como la facilidad de la recaudación y las posibilidades de evitar la evasión que se puedan producir. La equidad es el fundamental objetivo que se debe alcanzar.
Lo mismo ocurre con la creación del sistema nacional de salud, un viejo objetivo teórico de la izquierda, que se implementaría también a partir del presente año. Por supuesto que no se trata de borrar y comenzar de nuevo, porque hay cosas en la salud uruguaya que, de alguna manera, funcionan bien. En este país, con hospitales ruinosos y carencias de todo orden, todavía cualquier persona por obra y gracia de la existencia del Fondo Nacional de Recursos, puede acceder a la medicina más especializada. Busquemos otro país similar al nuestro o del primer mundo donde esto sea posible. Será difícil encontrarlos y cuando lo hagamos, seguramente, nos sobraran los dedos de la mano para contarlos. Sin embargo, en este país, todavía hay baches insoportables, como la falta de cobertura asistencial que se produce con los trabajadores que pasan a la pasividad, a los que les desaparece la cobertura a través de Disse. Por otra parte sufrimos una asistencia cara, onerosa para el ingreso medio de los uruguayos, con órdenes y tiques por medicamentos que no están al alcance de la mayoría.
Es de esperar que el proyecto, además de ampliar los beneficios de Disse, a los familiares del trabajador, tenga en cuenta a jubilados y pensionistas, que los integre en un régimen similar. Claro, no es un tema de fácil solución. Pero, ¿cuáles son los temas de fácil solución?
Por eso, esperamos realmente, que este año, esté lleno de logros y que la participación ciudadana en ellos sea creciente. *
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