Uno de los asuntos pendientes que deberá abordar el gobierno es el de la reforma educativa.
Desde el retorno a la normalidad institucional, los sucesivos gobiernos democráticos no fueron capaces de hallar una respuesta coherente a los desafíos planteados por el mundo globalizado, y confundieron puesta al día con desprecio por la enseñanza humanista.
Todos los gobiernos se propusieron transformar la educación, reformularla y adaptarla a las nuevas necesidades, entendiendo que el conocimiento y la capacidad de pensar eran las metas que debía perseguir un sistema educativo aggiornado.
El problema se presenta a la hora de determinar cuáles son los conocimientos prioritarios que hay que impartir.
Sobre la crisis de la educación, ya en los años setenta el escritor Ernesto Sábato lanzaba severas advertencias.
"La verdadera educación tendrá que hacerse no sólo para lograr la eficacia técnica sino también para formar hombres integrales. Me estoy refiriendo a la enseñanza primaria y secundaria, no a la especializada que inevitablemente deben impartir las facultades", enseña el pensador argentino. Y dice más adelante: "El ser humano aprende en la medida en que participa en el descubrimiento y la invención. Debe tener libertad para opinar, para equivocarse, para rectificarse, para ensayar métodos y caminos, para explorar. (...) En el sentido etimológico, educar significa desarrollar, llevar hacia fuera lo que aún está en germen, realizar lo que sólo existe en potencia. Esta labor de partero del maestro muy raramente se lleva a cabo, y tal vez es el centro de todos los males de cualquier sistema educativo". Y finalmente, la propuesta de una educación cuyo objetivo es el hombre y no el mercado: "Una escuela que favorezca el equilibrio entre la iniciativa individual y el trabajo en equipo, que condene ese feroz individualismo que parece ser la preparación para el sombrío Leviatán de Hobbes. (Se refiere a la máxima 'Homo hominis luppo', el hombre es el lobo del hombre). El trabajo comunitario favorece el desarrollo de la persona sobre los instintos egoístas, despliega el esencial principio del diálogo, permite la confrontación de hipótesis y teorías, promueve la solidaridad para el bien común".
Estos sabios postulados no parecen haber sido tenidos en cuenta por las autoridades de la educación durante los gobiernos anteriores. La gran preocupación se centró en proveer de computadoras y de profesores de inglés a las escuelas. No está mal que se enseñe computación a los niños ni tampoco que se les impartan conocimientos del idioma que hoy domina el mundo globalizado. Pero lo que es altamente peligroso es que se confundan herramientas con metas y medios con fines, porque aprender a pensar no se consigue mediante la capacidad de manejar un ordenador. Debemos velar por que lo informativo no prevalezca sobre lo formativo.
Y sobre todo, por dotar a los educandos del necesario espíritu crítico que los ayude a discriminar entre la información útil y la prescindible. *
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