Entre los logros del actual gobierno se destaca particularmente el importante viraje verificado en lo que tiene que ver con la investigación de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Un abismo separa la actitud del gobierno del doctor Vázquez con la de sus antecesores, en especial las administraciones de los doctores Sanguinetti y Lacalle, y puede afirmarse que, a pesar de los obstáculos que impone la Ley de Caducidad, el país se encamina por la senda que conduce hacia la verdad y la justicia. Y resulta pertinente tener presente un hecho singular: las investigaciones dispuestas, las excavaciones, los hallazgos, la comparecencia ante la Justicia de militares y policías individualizados como responsables de crímenes de lesa humanidad, el procesamiento de algunos de ellos y su reclusión en establecimientos de detención, nada de esto generó reacción alguna de parte de la oposición. Con excepción de algunas voces demasiado conocidas y de alguna destemplada declaración de los nostálgicos de siempre que cuestionaron el proceder del Ejecutivo (el doctor Sanguinetti se lamentó de la interpretación que el gobierno hace de la ley de impunidad, pero no fue más allá de eso), la oposición no encontró motivo alguno para salir al cruce y criticar al gobierno como es su costumbre. Ello demuestra que éste ha observado un comportamiento inobjetable, manejando el asunto con prudencia, con firmeza y con inteligencia.
Paralelamente a las acciones tendientes a conocer el destino final de los desaparecidos y a propiciar el juzgamiento de aquellos casos no amparados por el manto oprobioso de la impunidad, desde los organismos de la educación se ha resuelto impulsar el estudio, en todos los niveles educativos, de lo que se ha dado en llamar la "historia reciente", como forma de que las nuevas generaciones tengan un panorama más o menos claro de lo que fueron los años previos al golpe de Estado, de lo que fue la dictadura y de cómo se manejó el problema de los crímenes cometidos al amparo del terrorismo de Estado luego de recuperada la normalidad institucional; conocer el pasado para comprender el presente.
Pero la necesidad de conocer la verdad no se agota en las investigaciones para hallar los restos de desaparecidos ni en saber en qué condiciones fueron asesinados y se los hizo desaparecer. Del mismo modo, la enseñanza de la historia reciente no debe limitarse a una relación de los hechos más notorios o a un análisis más o menos abstracto de la evolución de la economía.
La historia reciente --y particularmente la de la época oscura del régimen cívico-militar-- debe recoger otros crímenes que, comparados con la desaparición forzada, pueden resultar "menores" pero que revelan de manera patética hasta dónde es capaz de llegar la vesania de los represores. El refinamiento de algunos métodos para destruir física y psicológicamente a los detenidos, la imaginación al servicio de la crueldad, demuestran a qué grados de deshumanización puede llegar la mente de un ser humano.
No se trata de describir ciertas prácticas de tortura o las violaciones y vejámenes a que se sometía sistemáticamente a los detenidos por satisfacer una curiosidad morbosa. Pero se trata sí de tomar conciencia de que el hombre puede ser el lobo del hombre y que hay individuos capaces de llegar a extremos inimaginables de abyección.
Las nuevas generaciones no pueden ignorar la perversión que dominó a los represores y las formas sutiles de humillar y de mortificar que pusieron en práctica. La historia también se compone de esos detalles. *
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