EDUARDO RIOS
Voy a ser claro desde el principio para no dejar lugar a malas interpretaciones o, lo que es peor, interpretaciones parciales: no creo ni soy particularmente afecto a las teorías de tipo conspirativas. Indudablemente son muy atractivas para la literatura, el cine y la televisión, pero en el plano de la realidad, creo más en la pluralidad y heterogeneidad de la sociedad y los individuos, que lleva a la conformación de escenarios múltiples cruzados por intereses diversos, que pueden llevar a la conformación de alianzas específicas y puntuales o estrechas y duraderas, en función de cómo converjan esos intereses y se procesen las demandas que plantean.
Por tanto, considero absolutamente válida la medida de lucha tomada a principios de la semana pasada por parte de propietarios de camiones y taxis, de iniciar un "lock out" patronal en contra de la suba del gasoil destinada a subsidiar el precio del boleto.
Creo, también, que fue una medida sumamente desacertada, y cuyo fin nunca quedó del todo claro; porque si bien es cierto que para subsidiar el precio del boleto se subirá en ,2 el precio del gasoil, por otra parte no es menos cierto que el gobierno también había planteado mecanismos compensatorios para evitar que esa suba se traduzca en mayores costos para los transportistas.
Es más, con la nueva fórmula acordada, que consiste en la sustitución del Imesi al gasoil por un aumento del IVA al 23% y que el sector pueda descontar hasta un 8,2% del mismo, incluso se puede prever que lejos de resultar recargados, los transportistas se beneficiarán de un leve retorno adicional.
Claro, quienes se podrán beneficiar de esta medida son aquellas empresas que están en regla y cumplen todos los requisitos formales que les permita descontar el IVA; lógicamente, una empresa que trabaje en "negro" estará imposibilitada de acceder a este beneficio y, por ende, la suba del precio del combustible con que trabaja incidirá negativamente en sus costos. Y también en la lucha que el actual gobierno lleva contra la informalidad puede resultar positiva esta medida, como forma de desalentar y desincentivar el informalismo.
También considero, pese a quien le pese, que la decisión del "lock out" por tiempo indefinido fue netamente política. No porque se haya pretendido desestabilizar la democracia o cosa parecida, sino porque la finalidad del mismo era la de presionar, la de defender intereses legítimos de sectores que se consideraban perjudicados frente a otra medida legítimamente tomada por el gobierno, y frente a la misma, decidieron poner en juego su capacidad de presión.
La resolución de forma articulada y negociada a este conflicto, realizada en gran forma por el ministro Rossi, demuestra nuevamente el compromiso de nuestra fuerza política --a pocos días de cumplirse el 2º aniversario de nuestro histórico triunfo electoral-- con lo que consideramos el nuevo paradigma de lo que es gobernar.
Es un paradigma que va indisolublemente unido al novedoso (novedoso para nuestra realidad) concepto de "gobernancia", la cual se aleja del clásico mandar e imponer; sino que por el contrario significa articular la diversidad de intereses, buscar la conciliación entre las partes y formar las más amplias bases de consenso posibles. *
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