Los uruguayos de cierta edad que hemos sufrido de distintas maneras lo que significó la dictadura en nuestro país, conocemos bien las diferencias que existen entre la libertad y la falta de ella. Pero quizás las generaciones más jóvenes no tengan la misma visión, porque el concepto de libertad no es fácilmente perceptible; más bien se advierte la falta de libertad.
Hacemos esta elucubración inicial para referirnos a un tema enojoso para la libertad y grave para la convivencia de uruguayos y argentinos, que está dado por el corte de rutas en la zona de Gualeguaychú, que está determinando no sólo perjuicios generales que podrían enumerarse en base a grandes títulos, sino particulares, que son dramas cotidianos, los del hombre común, que por la intransigente acción de los piquetes ha modificado su forma de vida, perdiendo libertades esenciales.
El presidente de la República, Tabaré Vázquez, visitó Fray Bentos, y parte de la delegación que lo acompañaba fue informada de la situación que están viviendo cientos o miles de trabajadores de esa zona, que han perdido su trabajo como consecuencia de la inactividad en el paso fronterizo. Empresas medianas y pequeñas que se han reducido a un mínimo de actividad, otras que se aprestan a cerrar sus puertas, otras que ya no funcionan, dejando un tendal de desocupados, muchos cubiertos por el seguro de desempleo, pero otros los empresarios mismos sin donde guarecerse ante el vendaval económico que ha determinado la insólita medida de los cortes de ruta que, obviamente, no afecta en ningún caso a la empresa finlandesa Botnia que se apresta a inaugurar su planta en el correr de este año.
Cientos o miles de trabajadores que han visto cercenada su libertad por la acción de un grupo de autodenominados "Asambleístas", a los que sólo les importa torcerle el brazo al gobierno uruguayo y, por ese camino, a la empresa finlandesa para que la planta sea relocalizada.
Decimos libertad cercenada porque la falta de trabajo, de formas para ganarse dignamente la vida, de alimentarse, de realizar experiencias de todo orden; la estrechez económica reduce el radio de acción de cada individuo y elimina de su horizonte un sinnúmero de posibilidades, que están "ahí", a saber, en la sociedad general, pero que no llegan efectivamente al hombre afectado por la nueva situación, es decir, no son posibilidades suyas.
Y esto le está pasando a muchos de nuestros compatriotas gravemente afectados por el cierre de la frontera, cuya libertad ha sido recortada por los piquetes que cortan las rutas y el gobierno argentino que no adopta ninguna medida para restablecer el imperio de la Ley, lo que es realmente un contrasentido de un Estado democrático que quiere salir adelante y que utiliza los mecanismos de la democracia, como el electoral, para dirimir sus diferencias.
El secretario de la Presidencia de la República, Gonzalo Fernández, recibió a muchos de los afectados por esta situación gravísima que plantearon paliativos, medidas de aplicación inmediata que, de alguna manera, tenderían a solucionar los casos más extremos que se viven en la frontera. Inclusive se habla de reactivar la Aduana de Fray Bentos, haciendo que los camiones que entran al país por el puente de Paysandú, realicen los trámites correspondientes en las oficinas fraybentinas.
Sin embargo, el tema de fondo sigue planteado. Mientras se mantenga el corte de las rutas y la situación fronteriza se siga presente, las empresas vinculadas a la actividad continuarán sufriendo penurias importadas, sin culpa, con trabajadores que ven cercenadas sus libertades por obra y gracia de un grupo humano intransigente, que no acepta el razonamiento coherente y la información válida de las empresas auditoras independientes llamadas para analizar una posible contaminación del río Uruguay.
Un grupo sectarizado, metido en una dinámica militantista al que le importa poco en destino de los trabajadores de toda una zona del Uruguay. *
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