En una nota editorial anterior hablábamos de los problemas que ha sufrido el país durante los meses de junio y julio, en que se han sumado además de las graves contingencias climáticas, hasta los afanes de algunos sectores de oportunamente incrementar sus ganancias más allá de los contextos lógicos del mercado, especulando con la aplicación desde el 1º de julio de la llamada reforma impositiva.
Y, de alguna manera, los números nos han dado la razón, porque la inflación duplicó en julio el nivel previsto proyectado por la mayoría de los consultores que analizan mensualmente para el Banco Central del Uruguay (BCU) las expectativas inflacionarias de corto plazo. En general, en dichos trabajos se preveía que el flagelo inflacionario en el mes que pasó no pasaría del 0,4% y, lamentablemente, llegó al 0,83%.
El tema es de interés, porque este descontrolado incremento de los precios, que confirmó por otra parte el Instituto Nacional de Estadística (INE), se verificó justamente cuando por incidencia de las nuevas normas impositivas se verifica una rebaja del IVA básico, que pasó del 14 al 10% y del general, que pasó del 23 al 22%, proceso que se debe estudiar, porque evidencia, por la rebaja que implica, un desfasaje mayor en los equilibrios económicos.
Según el comunicado del INE, conocido en la tarde del jueves, el mayor impacto sobre la canasta del consumo en julio correspondió al aumento de los costos de la salud, 2,41% en el mes, atribuible esencialmente al incremento del precio de la cuota mutual. El segundo grupo de precios con mayor impacto fue el integrado por los rubros más vinculados al consumo, en particular los cigarrillos. En tercer término en orden de impacto aparecen los rubros vinculados a la alimentación cuyo incremento en el mes fue del 0,65% con aumentos significativos en la carne y las verduras y disminuciones en frutas y bebidas no alcohólicas.
El aumento de julio, inesperado en su magnitud, determinó que la inflación acumulada en los últimos doce meses se mantuviera encima del 8%, a un punto y medio porcentual encima del techo, liquidando virtualmente toda posibilidad de que al término del año, la inflación comprometida en el programa del gobierno lograra ser "encajada" en la banda programa que hasta junio próximo estaba comprendida entre el 4,5% y el 6,5%.
El incremento de los combustibles que se produjo luego de la fecha analizada y la continuidad en el incremento de los bienes no transables, el trabajo en particular, más la perspectiva de precios de los transables abren una interrogante nueva sobre la evolución futura de la inflación.
Por supuesto que el Ministerio de Economía y el propio BCU deben analizar en profundidad este proceso que, obviamente, lleva a una reducción de las conquistas salariales logradas por los uruguayos en el marco de la política de Consejos de Salarios y las actualizaciones que han tenido también los trabajadores estatales. Porque el tema --más allá de las contingencias climáticas que afectan a distintos alimentos y provocan un incremento en el gasto de energía y combustibles-- no puede irse de las manos y, por supuesto, es necesario que de alguna manera se ponga freno a esta carrera alcista que tiene varios componentes.
Uno de ellos, evidentemente, es la incidencia de la reforma impositiva en algunos sectores que tratan de trasladar a los precios el monto de las nuevas imposiciones, a lo que se sumará en los meses subsiguientes una caída evidente en el consumo, porque ciertos sectores de la población, tratando de reacomodar sus economías familiares, cortarán diversos gastos que habrá que cuantificar en su magnitud. *
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