DANIEL DE SOUZA - Secretario general de FUCVAM
Los recientes números arrojados por la Estadística del INE, evidencian una realidad cruda, previsible, así como indignante ante el hecho de que no es que de cada 4 uruguayos 1 viva como ocupante, sino que la lectura debería ser que el 25% de nuestros trabajadores fueron excluidos, condenados a vivir en forma precaria.
Pues la crisis no golpeó a todos por igual, la desindustrialización privó a los trabajadores de su ingreso que les permitía afrontar un alquiler, una cuota, en consecuencia fue excluido de su trabajo y a la vez expulsado de su hábitat, producto de perder el elemento que le permitía acceder a este y su permanencia se vio condicionada a tener que emigrar como "ocupante", pues su fabrica lo "desocupó".
Cifras y palabras estarán de más cuando no esclarezcan, cuando no añadan, cuando dejen de provocar sólo un eco o resonancia coyuntural.
Debemos transformarlas en consignas, en denuncia, en gritos de guerra contra la pobreza, y en el altar como ofrenda, nuestra condena y combate a ella, y alzar cual pedestal, nunca más de lo mismo.
Setenta mil familias expulsadas a los asentamientos, 50.000 familias arrastradas a depender del mercado inmobiliario especulativo en los últimos 8 años.
50% de las viviendas presenta problemas de humedades incluido goteras algunas, así como desprendimiento de revoques.
125.000 viviendas rurales no cuentan con descarga sanitaria, pobres compatriotas, pobres uruguayos, son más los pobres, la crisis de 2002 que llevó a duplicar la pobreza material, sabedores somos que conlleva y arrastra a una crisis de valores y prácticas sociales.
En nuestra filosofía de interpretar la construcción social del hábitat, es pecado aceptar, analizar o solo hablar de la vivienda y su estado físico, pues esta es una cáscara, un envase, una envoltura y lo que importa realmente es lo que está adentro o sea "la familia".
Esta unidad es la agredida, esta es la que debe ser reparada y atendida en la dimensión de que la vivienda es un derecho humano y como tal, dejar de considerarla como una mercancía.
Esta estadística evidencia que se debe renunciar y cambiar radicalmente esta lógica de que el acceso a la vivienda sea concebida en la "libre" oportunidad que el "mercado" la regule.
Triunfalismos macroeconómicos mediante solo han aumentado la brecha entre los que más tienen en detrimento de los que menos tienen.
En este igual período de exclusión de unos, permitió que 50.000 familias "llegaran" a su casa de descanso o sea duplicaron su bien estar.
La pobreza tiene cara de jóvenes y niños en los semáforos, tiene cara de niña en las colas del "Pereira Rossell", miradas de fantasmas de los que deambulan en la pasta base, pero la esperanza no la perdermos, si logramos inversión, trabajo, que se puede lograr si cambiamos y ello pasa por construir las 14.000 viviendas por año necesarias, condenando las solo 3.000 actuales en el mismo período.
La estadística para quejarnos de herencia recibida no se transforma en la herramienta para revertirla, la inversión sí.
Por ello y ante esto, retumban como un eco las palabras de un niño en la inauguración reciente de una de nuestras cooperativas, que ante la pregunta de qué sentía por parte de un "grande", él contestó: "Qué lindo es ver llover sin mojarse". *
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