E l país anda mejor, sustancialmente mejor, pero no alcanza con la serie de reformas planteadas ni con la tranquilidad financiera. Tampoco con la disminución de la pobreza y la indigencia. El Uruguay necesita vivir los cambios, sentirlos en su piel, como parte de una combinación de éxitos colectivos e individuales.
De la misma manera que se reclama del gobierno que sepa comunicar sus realizaciones, hay que exigir que el gobierno tenga la suficiente sensibilidad para catapultar los méritos de los uruguayos que triunfan en un mundo extremadamente competitivo.
Hace pocos meses un grupo de muchachos del Liceo Nº 4 de Maldonado logró dos premios internacionales vinculados a la NASA. Fueron a Estados Unidos, vieron, vencieron y volvieron. Los recibió sólo la familia.
Unos días después un joven periodista uruguayo de IPS logró integrar el equipo de Les Luthiers, no por sus méritos de periodista, sino porque es un muchacho culto, con una excelente voz y con una capacidad inmensa para crear cultura musical, donde lo clásico y lo popular se entremezclan con singular éxito.
En ambos casos, las autoridades de la enseñanza y de la cultura no tuvieron la necesaria voluntad para transformar esos dos éxitos en un tema de carácter nacional.
En estos días, además, la selección de basketball de Uruguay, a pesar de haber perdido ayer con Canadá, está haciendo una excelente actuación en el preolímpico, por cierto inesperada.
Si vamos a otra área de la sociedad, la Policía, sus servicios especializados, capturaron a una gran banda de narcotraficantes, en un operativo que estuvo basado en la reserva y la ética, cosas que no son comunes en este mundo moderno.
Seguramente desconocemos los muchos éxitos que hay en el ámbito científico y académico, así como en el sector empresarial. Aunque sí conocimos la irrupción del éxito del cine nacional en los últimos años y la permanencia de Milton Wynants en el ciclismo.
Decimos todo esto porque sentimos que el Estado, en sus diversos estamentos, no logra vincularse a esos éxitos individuales que, en el fondo, también son éxitos de toda la sociedad, porque en la gran mayoría de los casos están influyendo la educación pública y el tipo de democracia que tenemos, que tiene un fuerte contenido de justicia social desde que el progresismo asumió el gobierno.
La Intendencia Municipal de Montevideo ha mostrado algún tipo de sensibilidad en este sentido también la Junta Departamental, cuando instalaron la adjudicación de la categoría de Ciudadanos Ilustres, premiando así a muchos uruguayos que han dado mucho por ese departamento.
El desafío es ir a la búsqueda de esos compatriotas exitosos que aportan a la sociedad sacrificadamente exitosos para reconocerlos, para transmitirles afecto, para darles ganas de seguir y para que sean referentes de las generaciones más jóvenes, cuyas vidas se debaten entre la emigración y el sacrificio de seguir siendo uruguayos en tierras de Uruguay.
En los últimos años LA REPUBLICA premió a muchos uruguayos con "El republicano de oro", lo que significó un gran impacto para los premiados, pero también para sus entornos más próximos.
Ahora el progresismo tiene que asumir, como Estado y gobierno, este desafío de trasmitir afecto y reconocimiento por aquellos que logran avanzar en sus realizaciones personales, pero que a la vez vuelcan sus esfuerzos al servicio de la sociedad.
Es el momento de no dejar pasar los goles uruguayos, que no sólo se festejan en el campo de la competencia del fútbol, sino también en distintos sectores de un pueblo que no se resigna, que sigue adelante y que se ha puesto la celeste.
Los gestos desde el poder pueden aportar mucho en este sentido y éste es un gobierno con sensibilidad. Sólo falta instrumentarlo. *
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