E stados Unidos prepara, si alguna vez puede salir de Irak, un ataque a Irán. Ya han sido escogidos los objetivos a destruir con bombas inteligentes. El odio de la Casa Blanca al Presidente Mahmed Ahmadinejad ha sido visible durante su visita a Naciones Unidas. Quiso rendirles un tributo respetuoso a las víctimas en las Torres Gemelas y no se lo permitieron. Fue abucheado en la Universidad de Columbia. ¿Su delito?. Ahorrarle a su país el costo de la energía térmica de origen fósil y usar la energía nuclear.
Sin embargo, nadie recuerda ya en Washington la tiranía del Shah Reza Palavi. Durante su desgobierno, casi todos los puestos importantes estaban ocupados por parientes suyos con lo que convirtió a Irán en el paraíso del nepotismo. Fundó un partido único, el Rasta Khiz, al que debían pertenecer todos los iraníes, y decretó que la pertenencia al partido opositor, Tudeh, equivalía a una traición a la patria.
Entre 1951 y 1953 el Primer Ministro, Mohammed Mosadegh, sostuvo una prueba de fuerza con el Shah, cuando nacionalizó los recursos petroleros de propiedad británica, la Anglo-Iranian Oil Company, y Mosadegh disolvió el Parlamento y exigió el retiro de las tropas británicas acantonadas en el complejo petrolero de Abadan, a lo cual sobrevino un golpe de Estado, organizado por británicos y norteamericanos, que depuso a Mosadegh.
La Savak, la siniestra policía secreta, torturó y asesinó a millares de ciudadanos, entre ellos exterminó varios eminentes poetas y escritores.
Cuando fue entrevistado por Bárbara Walters, se informó que la fortuna del Shah ascendía a 50 millones de dólares, pero el periodista británico Robert Graham investigó hasta descubrir que ese patrimonio, en realidad, ascendía a 3.200 millones de dólares.
El Shah era propietario del banco más grande del país, el Omran; del 70% de todos los hoteles, incluido el Hilton; el 10% de la General Motors de Irán; la Bimelli, la más desarrollada compañía de seguros, además de plantas de cemento, centrales azucareras y cinco palacios que habitaba desplazándose continuamente de uno a otro.
En octubre de 1971 el Shah conmemoró el 25 aniversario de la monarquía en las ruinas de la antigua Persépolis, la capital del rey Darío, en el siglo V antes de nuestra era.
Para ello dispuso la erección de una ciudad de fastuosas tiendas de campaña, tres pabellones imperiales para el Shah y su familia y 59 carpas para los altos dignatarios, reyes, presidentes, que acudieron a la celebración. Convocó a los chefs del afamado Maxim´s de Paris para que cocinaran las pechugas de pavo real, que fueron los platos principales servidos en vajilla de Limoges, acompañados de copas de Baccarat. Según la prensa, la fiestecita costó 100 millones de dólares.
En enero de 1979 la inquietud social era tan intensa que el nuevo Primer Ministro, Shapour Baktiar, solicitó al Shah que saliera un tiempo del país para calmar la opinión pública y éste se negó y destituyó a Baktiar, pero en febrero las guerrillas urbanas unidas a partes del ejército ganaron las luchas armadas y la monarquía fue disuelta.
Durante todos los años que duraron los desmanes y crímenes, el latrocinio y el dispendio voluntarista del Shah, jamás partió una crítica de los Estados Unidos contra semejante monstruo, jamás fue censurado. Visitó a varios Presidentes en Washington y fue recibido con alfombras rojas y agasajo. Muy diferente del tratamiento que Ahmadinejad recibe de parte del gobierno del presidente Bush. *
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