La madre de todas las batallas será volver a ganar el corazón de los argentinos y establecer con sus gobernantes un nuevo tipo de relacionamiento. Como muy bien dijo el presidente Tabaré Vázquez, "siento una enorme tristeza" por el conflicto generado por la instalación de Botnia en nuestro territorio.
Claro que esa reconstrucción de la hermandad pasa por que los gobernantes y sus medios de comunicación de Argentina comprendan que Uruguay se ha limitado a ejercer su soberanía, al autorizar que se ponga en marcha la producción de celulosa.
Ejercicio soberano que no tiene nada de agresión para el país vecino, en tanto los argentinos saben bien que el gobierno y el pueblo uruguayo serán custodios celosos del cuidado del medio ambiente.
Es de esperar también que las fuerzas políticas argentinas comprendan que la política exterior no se puede construir de acuerdo con las variantes de los problemas políticos internos de cada país. Cosa que ha ocurrido con Argentina, que ha manejado discursos, gestos políticos, acciones en relación al tema de Botnia, de acuerdo con el malestar o el bienestar político que se presenta dentro del espacio soberano de los argentinos.
Si realmente se quiere fortalecer la integración regional, no hay otro camino que trabajar por la integración física y eso no se puede lograr con puentes cortados y con demostraciones de hostilidad.
No hay integración económica ni comercial, como no habrá integración cultural y política, sin la libre circulación de personas y bienes. Si se sostienen los cortes y los piquetes, no hay razón para continuar trabajando por la unidad sudamericana, porque en definitiva se estará tan lejos de Argentina como de cualquier otro país del norte. Es que estar juntos, vivir en una misma zona, no implica comunidad si se construyen "muros" entre los países y los pueblos.
El gobierno uruguayo tiene que continuar con el talante de la serenidad y de la firmeza, sabiendo que la gran apuesta de los partidos tradicionales es crear situaciones que nos obliguen como sociedad a salirnos del Mercosur. Siempre, desde la dirigencia blanqui-colorada, se estará a la caza de los errores del gobierno argentino con la intención de plantear que llegó la hora de romper con el proceso de integración regional.
Uruguay, si no hay un Mercosur activo, potente, fraterno y lúcido, quedaría a la merced de los poderosos, quienes quieren conquistar, uno a uno, a los pequeños países como el nuestro.
En pocos días, el presidente Tabaré Vázquez estará en Vietnam, cuyo pueblo sabe muy bien lo que es la práctica de mantener la firmeza y el no dejar de dialogar y negociar. Dicho esto sin comparar a Argentina con el Estados Unidos agresor (que conste).
El esfuerzo para reconstruir la hermandad en el Río de la Plata no puede ser sólo del gobierno, sino que tienen que ser de las dos sociedades hoy distanciadas por la intransigencia de un grupo de ambientalistas, que ahora dicen que les duele la cabeza y tienen vómitos porque Botnia está produciendo.
Mucho tiene para hacer la gente del espectáculo y de la cultura, los movimientos sindicales y las familias, porque en los dos países hay familias binacionales.
En el próximo verano habrá una linda oportunidad para que en nuestras costas, argentinos y uruguayos construyan relaciones de afecto como han sido siempre. Que así sea, para que no tengamos que seguir sintiendo una enorme tristeza. *
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