SUSANA ANDRADE
Los acontecimientos en Chile relacionados a la planta procesadora de pasta de celulosa de Botnia en Fray Bentos empañaron incluso el reality show de los diputados con escenas de violencia física en vivo y en directo la semana pasada. No era para menos.
Fue clarísimo el esfuerzo que tuvo que hacer el señor K, seguramente atajado por la recientemente electa primera mandataria argentina, para no dejarse llevar por sus impulsos reflejados en enfrentamientos piqueteriles con los cuales, a juzgar por sus dichos, se siente absolutamente consustanciado.
La admiración del pueblo uruguayo creció a ojos vista hacia la figura de nuestro Presidente, doctor Tabaré Ramón Vázquez, que al ordenar poner en marcha la fábrica, actuó con la visión y la ponderación que un caso así requiere. Sin perder de vista lo principal que es la soberanía y autodeterminación de la República Oriental y libre del Uruguay por la que entregó su vida nuestro prócer Don José Artigas.
De otra forma y frente a tanta piringangada --como decía mi abuela-- de la Argentina aún para dialogar, muy pobre papel estaríamos haciendo ante nosotros mismos y ante la opinión pública soportando los vaya y venga de los representantes argentinos con respecto a la mediación de los bien intencionados --y al final medio desubicados-- españoles.
Aceptar al representante del rey de España para intermediar no implicaba doblegar el derecho absoluto y soberano de nuestro país a tomar las decisiones que estimara pertinentes en el momento oportunamente considerado, el cual se presentó en forma espontánea y estratégica en la Cumbre de Chile sin premeditación ninguna por parte de nadie.
El de las plantas de celulosa rioplatenses hace rato que no es un simple tema bilateral, desde que los mismos argentinos lo llevaron a tribunales internacionales. Y eso está bien. Sólo que ahora no se bancan que el asunto se ventile frente a otros países, seguramente por la vergüenza que les ocasiona verse como vulgares buscapleitos que lo son con la actitud bélica de cierre de fronteras organizada, esa sí, con alevosía sistematizada.
Lo de desubicados entre otros implicados, viene por las palabras del "facilitador" hablando sobre la decisión del Presidente Tabaré en forma crítica, sobreactuando, ya que no era su función evaluar ni juzgar conductas, sino acercar voluntades de los contendientes, en este caso Argentina y Uruguay. Su tarea, que nunca fue muy útil aunque la buena intención merece gratitud, se desvanecería automáticamente en el momento en que así lo considerara sólo una de las partes en conflicto.
La validez de la mediación nacía y moría en la voluntad de los querellantes, de lo contrario, sería deslegitimada sin más trámite. Tan fácil como eso.
Al parecer, sobre la marcha el mediador confundió su rol y se sintió protagonista intentando apropiarse de un diferendo ajeno. ¿Sería la magia de la celulosa?
A mi modesto entender, los reyes y las reinas deberían en estos tiempos permanecer en los libros de cuentos, y no ser reconocidos como tales ni para "facilitar" nada que tampoco para eso demostraron ser útiles, ya que encima hubo disgusto cuando los dejaron fuera de juego. La época de las colonias y la conquista de América terminó, por si algunos no lo sabían, al menos aquella que vino por mar.
Por algo dijo hace poco Joaquín Sabina, el exitoso cantante y pensador español: "En España no habrá auténtica democracia mientras haya familia real al parecer con derecho divino". *
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