Aquellos viejos socialdemócratas que crearon las reuniones internacionales le erraron en algunas cosas, quizá sustanciales, pero algo de razón tenían. Es que antes de las internacionales de izquierda surgieron las internacionales de derecha, que aún viven y luchan.
En Uruguay el gran debate, uno de ellos, es el significado del IRPF en lo que tiene que ver con crear la equidad en una sociedad. En nuestro país blancos y colorados se han puesto de punta, derramando lágrimas sobre los sentimientos y perjuicios de las capas medias. En España la cosa no es muy distinta. El líder del Partido Popular, Manuel Rajoy, prometió en medio de la actual campaña electoral, liberar el pago del IRPF a más de siete millones de personas. En otras palabras, quieren demagógicamente ganarse electoralmente a ciertos sectores de los asalariados o de los pequeños empresarios.
Los españoles tienen todo el derecho a rechazar a ETA, dado que han sufrido en demasía el terrorismo, pero el PP se opone a la política de diálogo que ha impulsado el PSOE, aunque siempre lo ha hecho desde posturas de principios y en defensa de la paz y los derechos humanos.
Lo insólito es que el magistrado español Javier Gómez Bermúdez nos trasladó el problema de ETA a nuestras tierras, al afirmar que en Uruguay existen "elementos terroristas" de la organización separatista vasca. Si bien Gómez Bernúdez es un demócrata, se precipitó y feo por desconocimiento, seguramente, de la realidad nacional.
Otro de los temas comunes que tenemos los españoles y los uruguayos es el desafío de reconstruir la memoria en la época del fascismo. La derecha de la madre patria, encaramada en el Partido Popular, se opone a la Ley de Memoria Histórica, promovida por el gobierno de Rodríguez Zapatero, que es rechazada con dureza por el Partido Popular, el cual de memoria tiene sólo su deseo de que nadie se olvide de Francisco Franco.
Aquí, en nuestro país, los dos partidos tradicionales se muestran contrarios a la amplitud con que se ha ejercido el artículo 4º de la Ley de Caducidad por parte del presidente Tabaré Vázquez. Por más que en algunos casos digan otra cosa, blancos y colorados hubieran querido que todo siguiera como estaba antes de asumir el Frente Amplio el gobierno: querían a los responsables de la violación de los derechos humanos libres.
El Partido Popular tiene en Uruguay un gran aliado que es el Herrerismo, encabezado por Luis Alberto Lacalle y Jaime Trobo, quienes son los paladines de la lucha contra la revolución cubana.
Lacalle, junto a George W. Bush y José María Aznar, trata con la alianza de la Democracia Cristiana internacional de crear un gran bloque contra Cuba y Venezuela, que hasta ahora ha fracasado.
Lacalle, incluso, es un amigo íntimo de Aznar, quien fue invitado VIP al casamiento de su hija con un príncipe europeo, lo que no es poca cosa.
El gran desafío de Uruguay y España es saber distinguir entre derechas e izquierdas en ambos países, sabiendo que el PSOE y el Frente Amplio tiene mucho más en común que diferencias. Pero particularmente tiene que conocerlo la izquierda española, porque en las próximas elecciones de ese país se juegan perspectivas muy similares a las que se van a jugar en nuestro país en 2009. *
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