Por Susana Andrade Líder de Atabaque
Los militares que quieren "decir su verdad" sobre la historia reciente, sólo reafirman su justificación al terrorismo de Estado que demuestran añorar y el contumaz apego al pisoteo de la Constitución y las leyes. Lamentablemente siguen haciendo méritos para ser considerados una subpatria.
Lejos de caminar hacia la reconciliación ciudadana, la separación entre ellos y el pueblo se profundiza y agiganta. No tienden puentes. Si un sector amaga implementar canales de entendimiento, otro, desde recónditas y supervivientes cunas de mamuts, sujetos de la peor realidad uruguaya se encargan de dinamitar nexos que surgen como flores silvestres y asimismo pasan, casi inadvertidos en medio de acciones y dichos de nostálgicos golpistas que encima escriben.
El otro impresentable ahora dice que hablará cuando esté en la cárcel.
¿Pensará vender libros o hacer notas de prensa espectaculares?
¿Lo que no dice en los juzgados tendremos que soportar que lo comercialice?
¿Habrá quizás que aguantarle fama de escritor, como que ya no fuera bastante conocido por lo que hizo?
Esas misteriosas y sugeridas declaraciones, deberían dirigirse en el presente a los tribunales que indagan el destino de los desaparecidos, o a saber dónde están los restos de los asesinados del régimen dictatorial. Las violaciones a los Derechos Humanos, abyectas atrocidades cometidas en cobarde impunidad, tuvieron autores intelectuales y materiales y lo que tenga para decir el Goyo al respecto tiene obligación de decírselo al juez.
Sus vivencias relacionadas a los aciagos tiempos de gobierno militar no le pertenecen, nunca fueron suyas desde que afectaron para siempre las entrañas de un país.
Si no puede privársele de la libertad de expresión aunque la use fuera de tiempo, cada frase de lo que diga; mentiras o no nunca sabremos; sumará para alimentar su eterna causa abierta con la Justicia uruguaya. Así delate a otros delincuentes -es lo que deja caer aparentemente cuando dice que hablará- la oportunidad es ahora y no cuando se le ocurra. "Por respeto a la sociedad en que vivimos" como dijo.
Si el pueblo tiene que pasar por la humillación de tener que esperar para saber la dimensión de las fechorías del dictador Gregorio "Goyo" Alvarez y sus cómplices, será una más de las infinitas torturas que deban soportar los familiares de los mártires políticos de la nunca del todo fallecida dictadura cívico-militar plancondoriana.
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