Dos problemas de carácter social están conmoviendo al país en estos primeros días de 2008. Nos referimos a los accidentes de tránsito y a la presencia creciente de rastros de cocaína en la sangre de jugadores de fútbol. Superar estas situaciones críticas que no son iguales, pero que tienen en común la vida y la salud de mucha gente joven, debe ser parte de una gran esfuerzo de la sociedad.
Durante muchos años, los uruguayos nos jactamos ante el mundo de ser gente instruida, con un nivel cultural medio importante. Pero en las últimas décadas esas cualidades se han ido deteriorando, mientras que a la vez no somos capaces, como pueblo, de atender los nuevos fenómenos que surgen en las sociedades.
El país está en plena recuperación económica, a la vez que se abre al mundo y con esa apertura viene todo lo bueno y todo lo malo. Es impensable mantenernos como una sociedad bucólica, a ritmo de mate y termo, si queremos desarrollarnos como sociedad. Pero hay que saber que tenemos que prepararnos para atender los efectos negativos que se producen como producto de ese desarrollo.
Ante estos desafíos, se necesita una acción enérgica del gobierno y del Parlamento, con la misma energía que utilizó el presidente Tabaré Vázquez cuando salió a luchar contra el consumo de tabaco.
Pero no hay gobierno ni Parlamento que tengan éxito, si no es toda la sociedad la que abandona ciertas actitudes hipócritas y resuelve encarar con seriedad y energía este tipo de problemas que nos competen a todos.
Como lo hemos señalado ante otros temas igualmente complejos, como es el ahorro de energía eléctrica, la enseñanza tiene un gran papel para jugar, porque sólo con un pueblo educado se pueden superar estas enfermedades sociales.
Hay que saber, a la vez, que los procesos educativos necesitan de tiempo para alcanzar sus objetivos. Si hasta la fecha pudimos parar el dengue, por cierto un problema muy complejo como lo son todos los que tienen que ver con la biología, ¿por qué no plantearse como sociedad terminar con esta locura generalizada que lleva a que la gente se mate en las carreteras y rutas? ¿Por qué no plantearnos reducir sustancialmente el consumo de drogas por parte de los deportistas y por amplios sectores de nuestra juventud?
Muchas veces desde el sistema político se habla de la necesidad de establecer algunas políticas de Estado, con el fin de que el país tenga una mirada de futuro consensuada, donde todos juntos tiremos parejo.
¿Los problemas del tránsito y de la drogadicción no pueden ser parte de esas políticas de Estado, sobre las cuales se habla mucho y se hace poco?
Estos tienen que ser temas que nazcan desde el pie, desde las organizaciones sociales, los clubs deportivos, los centros laicos y religiosos, las comisiones de fomento, las juntas locales, los medios de comunicación y las propias familias.
A la estupidez, como fenómeno cultural, sólo se la derrota con más educación y más educación, pero también con fuertes sanciones que contemplen la recuperación del ser humano, pero que sean sanciones.
Los dolores de hoy, es la inteligencia que nos está faltando. Que las víctimas por accidentes de tránsito de estos días nos enseñen a todos que aún queda mucho por hacer y que con ellas tenemos una gran deuda.
En el caso de la atención de la salud de los deportistas, también cabe la misma filosofía y actitud: educar y educar, pero no dar un paso atrás en materia de sanciones.
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