El miedo a la recesión, un mercado bursátil que se viene abajo y la crisis hipotecaria en Estados Unidos, son un campo de batalla político ideal para Hillary Clinton mientras lucha con su principal enemigo en la carrera presidencial, Barack Obama. La ex primera dama apunta directamente a las fuertes presiones económicas que agobian a la clase media estadounidense, con un puñado de recetas políticas y referencias a los años 90, tiempos soleados de la economía durante el gobierno de su marido, Bill Clinton.
Sabemos que los tiempo son duros. Lo escucho de la gente, no son sólo abstractos propósitos económicos, dijo Clinton a la prensa, mientras se preparaba para la próxima batalla demócrata, los caucus de hoy Nevada. Muchos estadounidenses están buscando un presidente que tome el mando, dirija nuestro gobierno, administre nuestra economía, añadió la aspirante demócrata y senadora por Nueva York.
Estos argumentos a largo plazo sobre la economía podrían inclinar la balanza a favor de Hillary Clinton. Parte del recuerdo sobre el gobierno de Clinton, lo cual es parte de su campaña, es la prosperidad económica, opina el profesor de historia de la Universidad de Princeton Julian Zelizer.
Los debates sobre política económica permiten a Clinton meterse en una discusión detallada, y exhibe gran dominio para comentar hechos y estadísticas. Es también algo destacado en su manual de la campaña, que pone mucho énfasis en la clase media y evoca el legendario eslogan "Es la economía, estúpido", que potenció la campaña de Bill Clinton en 1992.
Para mejor o peor, es la candidata que más se asocia con la prosperidad económica de los 90, durante la última parte de la presidencia de su marido, estima el director de investigaciones del Pew Research Center, Scott Keeter.
Clinton promociona un plan de reactivación económica de 70.000 millones de dólares que incluye componentes de emergencia para frenar la ejecución de viviendas, y una ayuda de emergencia de 25.000 millones de dólares para las familias que luchan contra elevadas facturas de energía.
Obama devolvió el golpe con su propio plan de estimulación de la economía de 75.000 millones de dólares, que incluye rebajas en los impuestos e inversiones dirigidas a las familias, los jubilados y los desempleados.
El sueño americano se está escapando del alcance de muchas familias, cuyos cheques de paga no alcanzan las subidas de precio de sus facturas médicas y matrículas estudiantiles, reconoció Obama.
Entretanto, el tercer demócrata en liza, John Edwards, basa su campaña en argumentos económicos populares, haciendo un llamamiento a la clase trabajadora, y advirtiendo que los puestos de trabajo estadounidenses están desapareciendo debido al comercio libre globalizado, el impulsado a ultranza por el gobierno del presidente George W. Bush.
Sin embargo, ya olvidada la edad de oro de las presidencias de Bill Clinton, Wall treet ve con preocupación la posibilidad de que un demócrata llegue a la Casa Blanca, aun cuando la comunidad financiera, dividida, no logró unirse en torno de un candidato. La reacción típica en el mundo de las finanzas es conservadora: los republicanos son buenos para el mercado, los demócratas malos.
No tomaron todavía en cuenta que Bush, que hasta ahora expresaba su confianza en la solidez de la economía de Estados Unidos, develó finalmente un plan de reactivación debido a los crecientes temores de recesión en la primera economía mundial. Los votantes tendrán la última palabra. En los sondeos los demócratas van al frente.
Comentarios (beta!)