Por Raúl Legnani Periodista
Fui un conspirador. Lo hice contra la dictadura y jamás contra ningún partido político democrático. Tengo buena relación con dirigentes de todos los partidos de nuestro país. Soy de la generación que asumió la Política (así, con mayúscula), y la voy a seguir teniendo de compañera.
No soy un operador político, porque eso implica que uno es dependiente de alguien, cosa que me produce náuseas. Soy, sí, un uruguayo con todos los derechos ciudadanos que consagra la Constitución, incluida la libertad de reunión. Soy un votante del FA desde 1971 y que desde 1992 no tiene ningún tipo de relación orgánica con ningún partido o sector político. Soy de los periodistas que dicen a quién votó, porque creo que así la relación del comunicador con la sociedad y sus actores es mucho más transparente. Pero acepto que haya otras opiniones, que por cierto permiten poder trabajar en cualquier lado.
Hace pocos días, el diario The New York Times anunció su apoyo a las candidaturas de la demócrata Hillary Clinton y del republicano John McCain, en las nominaciones de sus partidos por la carrera presidencial en Estados Unidos. Los amantes criollos de la democracia estadounidense, los que creen que ahí existe la más pura libertad de prensa, no han dicho nada sobre la actitud valiente y transparente de ese diario. No lo van a decir, porque el apoliticismo que han asumido es una construcción ideológica que sirve de tapadera de operaciones políticas encubiertas.
Digo esto porque el jueves pasado participé de un encuentro de gente vinculada a la política, donde muchos nos conocíamos y otros no. Había entre 25 y 32 personas. Todos los que compartimos esa noche de pizza y vino tinto somos frenteamplistas. De esto informé en mi columna de los domingos en LA REPUBLICA, porque me pareció que el intercambio de ideas había sido muy interesante. No hablé de candidaturas o de fórmulas presidenciales porque realmente no recuerdo que se haya debatido sobre eso, aunque alguien puede haberlo dicho.
En enero participé en más de seis reuniones. En todos los casos se habló de política y del futuro de la izquierda, claro que lo matizamos con el fútbol y el glamour de Punta de Este. ¿Viste? Espero que ahora no inventen que hay una red secreta que está preparando alguna operación política con fines desconocidos.
El problema que tengo es que hay mucha gente que me lee de domingo a domingo en LA REPUBLICA, a la que le interesa mis opiniones, ya sea para coincidir o para discrepar. Por eso me invitan. Y por eso voy. En todas esas reuniones sólo hubo reflexión colectiva y desordenada, manifestación de preocupaciones y de angustias, pero puedo asegurar que si a alguien --de cualquiera de esas reuniones-- se le ocurría la idea de construir un estatuto para crear un grupo político, no nos hubiéramos puesto de acuerdo ni en el primer artículo.
Los que están aferrados al poder por integrar un sector o grupo que duerman tranquilos, porque nadie está creando ningún monstruo de siete patas para competir. Exijo, además, que haya un poco más de profesionalismo en la información, porque no acepto que se intente poner a todos los participantes en la bolsa de los ex comunistas, entre otras cosas porque no me imagino una campaña electoral que promueva votar a "Los ex"; si esto ocurriera, sería la primera señal de que el Uruguay ingresa a la posmodernidad elevada al cuadrado.
Menos acepto que Alvaro Pérez sea un ex comunista, porque tendría que nacer de nuevo. Mañana ¿con quién tengo una reunión?
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