La derecha mundial y nacional recobró el color en los cachetes, después de que Fidel Castro anunció que no aspira a ser candidato a la Presidencia de la República.
Desde todos los rincones del mundo aparecieron opiniones de sectores de derecha y de centro, clamando por una apertura política en Cuba, pero nadie exigió que se ponga fin al bloqueo y a la agresión de Estados Unidos contra la isla socialista, agresión que se extiende a muchos de los países progresistas de América Latina.
Una vez más los demócratas europeos y estadounidenses han mostrado que son incapaces de entender la dramática realidad de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, donde el corte con la dependencia de los centros de poder mundial es condición fundamental para el desarrollo de nuestros países.
Corte que no implica, en la actual etapa de las relaciones internacionales, que estos países del sur se aíslen del mercado mundial, sino que dentro del proceso de globalización de la economía capitalista, deben buscar los mejores caminos para, a través del intercambio comercial, generar condiciones para que las economías locales se desarrollen y permitan crear nuevas pistas para el desarrollo del bienestar de los latinoamericanos.
Da miedo pensar lo que sería la campaña mundial de la internacional de la derecha, si Fidel hubiera muerto. A estas horas los aviones estadounidenses estarían volando sobre La Habana para ahogar en sangre a más de 50 años de lucha por construir una sociedad distinta, más humana, que seguramente sería superadora del capitalismo dependiente.
Es de esperar que la institucionalidad cubana encuentre los caminos para entrar en una nueva etapa, que no tendrá al frente a Fidel Castro, quien resume programas, políticas y afectos de varias décadas de sueños de su propio pueblo, pero también del conjunto de la Humanidad que cree que a las mujeres y hombres de este planeta no les va nada bien.
Hoy el mundo de la izquierda y de progresismo, ajeno a la derecha proimperialista¸ ha perdido una gran batalla comunicacional donde los sectores liberales y reaccionarios se encuentran, una vez más, para influir sobre Cuba y hacer abortar el proceso revolucionario de 1959.
Muy pocos diarios en el mundo salieron a reconocer la gesta de Fidel y sus barbudos, mientras que la mayoría le hizo el coro adulón al Pentágono y a los sectores guerreros del capitalismo.
El día después del domingo, una vez que se expida la Asamblea Popular, Cuba tendrá a su nuevo Presidente, a quien le tocará no solo guiar los destinos de su pueblo, sino que tendrá la responsabilidad de decirle al mundo que los sueños son también posibles sin los líderes naturales de origen.
Con la renuncia de Fidel, el Siglo XX acaba de finalizar y no fue en el último segundo del último día de 1999. De aquí en más surge una nueva época, que no puede desconocer el pasado pero que a la vez debe proyectarse al futuro.
Solo los cubanos y la solidaridad internacionales de los pueblos, podrá llevar a buen puerto a las nuevas ideas que tienen que surgir como ríos de aguas transparentes y torrentosas.
Si alguien creer que el destino de la izquierda latinoamericana es ajeno al futuro de Cuba se equivoca y feo. El desafío es crear las condiciones para que sean los cubanos los que definan sus rumbo, sin injerencia extranjera. Pero ese camino, ese recorrido, necesita no caer en la "apologética" ni en la "autoflagelación", términos que utilizó Fidel en su carta renuncia.
Es el momento que la izquierda, con los aportes de las reflexione por escrito de Fidel, piense a lo lejos y a lo grande, en acuerdo o no con el viejo comandante que nunca va a dejar de opinar. Por suerte.
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