Miércoles, 12 de marzo, 2008 - AÑO 9 - Nro.2847
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Llenar la negociación de ideas será la contribución al cambio

Entre ruidos y en el marco de una crisis de visos estructurales en los mercados centrales, el país va ingresando en un tramo decisivo de su historia contemporánea. Está finalizando la primera administración de un gobierno de izquierda y comienzan a precisarse los ejes sobre los cuales se procesará la discusión central del país en los próximos años. Sea la izquierda gobierno nuevamente o, vuelva a la oposición. Esa discusión va emergiendo precipitada por un calendario en el cual los hechos económicos vuelven a tener una relevancia esencial. Ello es atendible y es obvio que todo el país se concentrará en la discusión de la Rendición de Cuentas, en la ronda de negociación salarial e, inevitablemente, en los fundamentos y perspectiva de la reforma tributaria. La emergencia de esta agenda y su dominancia presenta al menos dos problemas: es reduccionista en extremo y, además, tiene un alto potencial conflictivo.

En poco la izquierda se concentrará en esa discusión menor abandonando elaboraciones que se debe y le debe al país en esta etapa de síntesis y propuestas. Y ese es un riesgo considerable para que el gobierno, desde su lugar y limitaciones, pueda utilizar el tiempo que le resta en elaborar otras síntesis, ordenando un damero muy abierto de cambios y experiencias intensas. Precisamente, la riqueza del cambio no estriba sólo en los balances de la economía o lo realizado en materia de inclusión o en el juzgamiento de los crímenes de la dictadura. El cambio será una síntesis de elaboraciones nuevas o quedará reducido a reformas que más allá de la irreversibilidad relativa de una ley serán insostenibles sin esa elaboración nueva, capaz de rodearlas pensamiento y fundamentos sólidos.

Pero la izquierda no es el gobierno y el pensamiento de las fuerzas políticas o sociales no se construye por ósmosis descendiente presionada desde Suárez. Esa responsabilidad debe instalarse de otra manera en las organizaciones sociales vinculadas a la izquierda. Si los sindicatos y las instituciones más vinculadas con el programa del cambio no son capaces de sustituir los ejes del economicismo vulgar no sólo reinará la conflictividad sino que todos habremos perdido una oportunidad de capitalizar la rica experiencia vivida en estos años mejorando el capital humano y su capacidad de generar o regenerar pensamiento nuevo.

Quizás el ejemplo más claro y útil sea el de cómo viene presentada la negociación salarial. Los empresarios comienzan a preparar su participación ocupando el lugar más elevado del campo de batalla, según la síntesis de una reflexión abierta ayer en la Cámara de Comercio. Para ellos la disputa en ciernes debe ser enfrentada desde una discusión de valores que presupone sentencias cautelares dictadas por jueces atentos a la armonización de los derechos consagrados constitucionalmente. Mientras tanto los sindicatos estudian fórmulas de indexación y recuperación salarial a la vez que impulsan a los legisladores para aprobar normas capaces de mejorar el ejercicio de sus acciones reivindicativas, en particular la aprobación del proyecto de negociación colectiva de octubre pasado. Es cierto que dicho proyecto se funda, implícito y explícitamente en una serie de principios caros a la izquierda, de fuerte arraigo en la base social de las organizaciones populares. Pero ello ya no alcanza ni será demasiado útil a la hora de confrontar con un conjunto de ideas que no son ya aquellas groserías que manejaba un empresariado criollo acostumbrado a pensar desde un mercado y una nación amurallada en la frontera.

Ahora es el momento de llenar los sindicatos y las plazas de algo más que reivindicaciones económicas tan válidas como cargosas en su reiteración infinita. Llenar de ideas la discusión económica que se avecina es vital para sintetizar la experiencia del cambio y, seguramente, para ganar extensos sectores en los cuales la disconformidad ya no es provocada sólo por una convocatoria a aportar unos pesos más que los que no tienen nada. Esos sectores definen mucha cosa en este país y su satisfacción no se logrará tan sólo elevando progresionalmente los montos no imponibles de un tributo. Si los empresarios, tal cual han reflexionado en la reunión convocada ayer en la Cámara de Comercio, propondrán una discusión de la negociación desde la defensa de los derechos humanos y los principios generales del Derecho, los trabajadores deben proponerse una reflexión más ofensiva y profundamente apegada a los mismos principios del derecho. Esa será la defensa social del cambio; independientemente a que las síntesis sean funcionales con los requerimientos de la lucha económica. O el cambio será más reversible que lo que todos imaginan.


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