Por Raúl Legnani Periodista
Está culminando la Semana de Turismo, que tiene varios apellidos, donde los uruguayos han recorrido masivamente el territorio nacional, además de participar de distintas actividades de carácter colectivo que muestran que la socialización de la vida es posible.
Muchas veces los que viven del comercio dentro de Montevideo se alarman porque la ciudad queda vacía, aunque en esta semana mucha gente del interior y del exterior del país ingresó a la capital con la intención de descubrir sus esquinas.
Lo cierto es que miles de uruguayos, por desgracia no todos o no todos los que deberían poder hacerlo, han salido en busca de paisajes, de encuentros humanos y de nuevas situaciones que les permitan momentos placenteros y agradables.
Los fondos de las casas humeando con un pedazo de carne en la parrilla, los cantos de la noche y los amores a escondida, sin faltar la pesca a la encandilada donde siempre emerge la sana mentira del pescador, son parte de nuestra cultura y de la forma de sentir la vida, quizás demasiado bucólica. Pero somos así.
Un pueblo que hace turismo, dentro o fuera del país, es más libre, más feliz y más humano. Por eso el fomento del turismo interno se ha vuelto para la salud de la sociedad un factor imprescindible.
Hizo bien el gobierno en demorar el aumento de los precios de los combustibles, para no amargarle la fiesta a decenas de miles de uruguayos jóvenes que con la mochila al hombro, comparten sueños y poesías.
Ahora vendrá, con los días fríos y los cielos grises, la vuelta a la realidad en lo que tiene que ver con la calidad de vida. Todos sabemos que con el frío viene el encarecimiento de los productos básicos, así como del abrigo y el aumento del costo de vida.
Pero esta nueva realidad que aparece y desaparece cíclicamente no debe llevarnos a desconocer que hoy hay muchos uruguayos, cada vez más, que pueden disfrutar de un país hermoso y de una sociedad, que en medio de grandes dificultades y contradicciones, siente que siempre se puede más y que hay un nuevo objetivo para conquistar.
"El viaje al mar", de Juan José Morosoli, debe ser un gran ejemplo para que la muchachada más humilde pueda acceder a nuestras costas, al planear de las gaviotas, a sentir el ruido del viento y el rugir de las olas. También en invierno hay un país, un territorio, un paisaje, para descubrir y para enamorarse de eso que es el "nosotros": el tú y yo.
Debe ser preocupación del Estado, como lo están haciendo hoy el Ministerio de Turismo y el BPS, fomentar el turismo interno y el encuentro entre los uruguayos.
El sector empresarial turístico, que muchas veces carece de una visión estratégica y de sensibilidad para entender los fenómenos sociales, debe asumir este compromiso de promover la libertad y la felicidad de los uruguayos, quienes quieren enamorarse de lo suyo, aunque no tengan título de propiedad.
El propio PIT-CNT, que ha sabido no reducir su accionar a las justas luchas salariales y de defensa del trabajo, tiene mucho para hacer en esto de que los trabajadores puedan participar de la mejor utilización de su tiempo libre.
El país necesita, después de la reciente temporada veraniega, una profunda evaluación de lo realizado y el trazo de una nueva estrategia para que el turismo interno se transforme y se potencie en uno de los buques insignia del Uruguay progresista.
Hasta ahora el recorrido ha sido positivo, pero hay que hacerlo avanzar porque aún queda mucho por recorrer. El desafío es incorporar a los niños de cuna humilde, para que en vacaciones de julio tengan la posibilidad de retener en sus retinas distintos rincones de su patria.
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