Alberto di Candia Mangeney
En nuestra nota del 11 de noviembre, al tiempo que rechazábamos las imposiciones culturales forzadas, alegábamos en favor de un auténtico conocimiento mutuo entre las diversas culturas, así como del aprecio e incluso las legítimas influencias entre ellas. Esto daría tema para escribir ríos de tinta, pero aquí sólo podemos ocuparnos de unos poquísimos ejemplos, aun cuando aspiramos a que ellos sean útiles e ilustrativos.
Así, a primera vista, nada parecería más alejado de la cultura occidental europea, estadounidense y latinoamericana, que la emanada de la civilización japonesa. Y sin embargo, se han producido entre ellas muy fructíferas influencias. Es este aspecto uno de los que debe tenerse en cuenta para dar un contenido positivo a la globalización o mundialización hoy tan mentada hasta el hartazgo, desechando el sentido que pretenden darle los centros del poder político y económico que dominan este vertiginoso, confuso y angustiante pasaje del segundo al tercer milenio.
Como decía Octavio Paz en 1970, una verdadera pasión de Occidente por otras civilizaciones, entre ellas la de Japón, se inició en Francia a fines del siglo XIX, y el encuentro entre la sensibilidad occidental y el arte japonés produjo obras notables en la pintura --principalmente en el impresionismo-- y en el lenguaje, citando a este respecto a Paul Claudel, Paul Eluard, William Butler Yeats (Premio Nobel 1932) y Ezra Pound, todos ellos nacidos entre 1865 y 1895. A estos nombres cabe agregar, siguiendo al propio Paz, el movimiento poético llamado "imagism" ("imaginismo"), que surgido en Londres nucleó a varios escritores angloamericanos y llegó a tener un programa definido en 1915, según han señalado Heinrich Straumann en 1951 y Donald Keene en 1953. Además, es de recordar que hasta Bertolt Brecht, en sus últimos años, llegó a cultivar ocasionalmente un género poético afín al llamado "haiku" japonés, como se aprecia en un poema titulado 'El humo', incluido en 'Elegías de Buckow' (1953).
En América Latina, el verdadero precursor de la entrada de la literatura japonesa --más concretamente de su poesía-- en el campo de la creación, fue el poco conocido Juan José Tablada, nacido en México en 1871y que murió oscuramente en Nueva York en 1945. El género poético de origen japonés practicado por Tablada a partir de 1919 fue el haiku. Es este una brevísima composición de diecisiete sílabas distribuidas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, y su más celebrado cultor en Japón fue Matuso Bashoo (1644-94). Es fácilmente imaginable que el haiku, por su tan pequeño tamaño, debe contener una fuerza expresiva extraordinaria y sugerente, y simultáneamente estimular el gusto y la imaginación del lector para 'completarlo'. En el ámbito de los escritores rioplatenses, un admirador del haiku fue Julio Cortázar, cuyo libro póstumo publicado en 1984 se titula 'Salvo el crepúsculo', expresión contenida en un haiku de Bashoo que dice: "Este camino/ ya nadie lo recorre/ salvo el crepúsculo".
En nuestro Uruguay y hace muy poco (1999), Mario Benedetti nos ha dado la sorpresa de publicar un magnífico poemario titulado 'Rincón de haikus', compuesto de doscientos veinticuatro poemas ajustados de manera rigurosa a la forma del haiku japonés; pero, como advierte el propio autor en una "Nota previa", no recurrió a los tópicos japoneses sino a sus personales vaivenes, inquietudes, paisajes y sentimientos. Se trata, pues, de un ejemplo excelente de fertilización entre culturas muy alejadas en el espacio y en el tiempo. Leer 'Rincón de haikus" es una experiencia tan enriquecedora como original.
Y como ejemplos de reciprocidad entre las antes referidas influencias culturales, reduciéndonos sólo a algunas de las escasas obras que están o han estado al alcance de estas latitudes, debe recordarse que en el campo cinematográfico el gran Akira Kurosawa realizó 'Trono de sangre' (1957) inspirado en 'Macbeth', y 'Ran' (1985) adaptando 'Rey Lear'. Y en uno de los últimos filmes de su vida, 'Los sueños de Akira Kurosawa' (1990), plasmó sus concepciones pictóricas derivadas de la admiración que sentía por Van Gogh, pero sin abdicar en ningún caso de su arte inconfundible.
*Abogado
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