Miércoles, 26 de marzo, 2008 - AÑO 9 - Nro.2860
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La modernización agraria auspicia una nueva discusión social

Entre los temas emergentes de la dialéctica de los cambios aparecen aquellos promovidos por la extraordinaria modernización agraria. En esa perspectiva es necesario revisar los viejos saberes de las políticas sectoriales y de aquellas vinculadas a la colonización o la inclusión social. También a cómo se diferencian las medidas de política económica y sectorial que procuran mejorar las condiciones sociales y aquéllas específicamente vinculadas al combate a la pobreza y la marginación. Las relaciones de producción agrarias y sus vínculos con los cambios estructurales que se han venido produciendo en la sociedad uruguaya han sido tratados con dificultades en el pasado. Ahora cuando desde la base agraria del desarrollo exportador del país surgen algunas garantías de estabilidad y sustentabilidad que nos tranquilizan, parece oportuno aproximarse a algunos cambios de carácter irreversible que se están produciendo en el campo y sus vínculos extra sectoriales. Un poco más adelante, ellos serán incorporados a los textos de geografía y probablemente, los ciudadanos del futuro ya no salgan de la escuela con aquella visión bucólica, aburrida, excluyente desde la cual los uruguayos observamos y pensamos en el campo durante tanto tiempo.

La modernidad agraria actual se basa en una revalorización fenomenal de los activos, de la tierra principalmente, y el uso intensivo del capital que tal revalorización impone. La renta absoluta de la tierra ­viejo paradigma de la acumulación del excedente no reinvertible­ ha sido sustituida progresivamente por la renta diferencial, aquella derivada de la creación de valor real de una unidad agregada de inversión y su realización en el mercado. La renta absoluta producía pobreza y exclusión; era, vale recordarlo, un pilar básico del diagnóstico más corriente del subdesarrollo.

En aquel privilegio de la renta absoluta residía la razón de los problemas de oferta, de la incertidumbre económica y la miseria del Uruguay profundo. Sobre aquella plataforma de tierra barata, sostenida por un derecho de protección casi absoluto, que fundamentó el cierre de la propiedad a los estímulos y sanciones de un régimen de competencia responsable. El uso extensivo de la tierra barata clausuró la experimentación y la inversión de riesgo. Sobre aquel aislamiento del proteccionismo medieval se edificó el estancamiento y la postergación cultural del país. En la perpetuación de las viejas relaciones de producción se alimentó el conflicto campo­ciudad. Y allí abrevó también parte importante de una discusión nacional que recreó en las postrimerías del siglo XX, las dicotomías trágicas que enfrentaron a los orientales en el siglo XIX.

No tenemos aún indicadores capaces de permitirnos armar un nuevo mapa económico y social de la estructura agraria. Pero poseemos datos relevantes. El crecimiento ininterrumpido del producto no es un dato menor cuando se lo observa en un contexto de crisis e incertidumbres variadas. El crecimiento de la renta diferencial o del excedente por unidad de inversión agregada, se ha venido ubicando en parámetros comparables con los argentinos. En cualquiera de los rubros de producción, Uruguay es ahora un país que no necesita proteger su producción con transferencias y subsidios del resto de la sociedad. Esta realidad comprende ahora a todo el territorio y no se reduce a zonas de suelos o locación privilegiada. Aún más: esa "solvencia" agropecuaria comienza a urgir una modernización de las relaciones de producción industrial y comercial. En estas últimas permanecen opacidades, protección excesiva, propensión a cerrar corporativamente mercados en los cuales hay abusos reiterados de posiciones dominantes. La información y reflexión sobre esa nueva productividad agraria es motivante. Una nueva e interesante discusión nacional se va conformando a la vera de esa nueva productividad y sus implicancias superestructurales, aquellas que tocan los vínculos de hombres y mujeres con ese proceso. Esa discusión en marcha está llena de nuevos enfoques sobre la cohesión social; ella también reclama nuevas caracterizaciones y fundamentos de la defensa de la nacionalidad alejada ahora del determinismo geográfico absoluto de antaño.


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PRESIDENTE BATLLE: Pero no, señor, no existe impacto final sobre el consumo.
El 70% del consumo de fruta y verdura la gente lo compra en las ferias.
La gente lo compra en las 14 mil bocas de expendio de los pequeños comercios, de las verdulerías del barrio, de las verdulerías que están en las calles, en el interior de las República, en las ferias.
Hay apenas un 30% que se compra en los supermercados.
Y ese 30% no lo va a gravar al productor, es el supermercado el que va a tener que descontar el IVA. No lo va a gravar al productor.
El productor no va a estar gravado y va a estar protegido el granjero chico, y va a estar protegido la gente que más necesidad tiene de comprar la mercadería donde la esta comprando hoy.
Pero, además, va a estar protegido el productor porque el que importa va a tener que pagar no solamente el IVA sino el adelanto sobre el IVA, que desde el punto de vista financiero es equivalente al 33% del valor.
Es por primera vez que estamos en condiciones de empezar a proteger al productor uruguayo, con un proceso que es un proceso similar al que se le aplica al productor uruguayo cuando va a vender fuera del país.
Entonces, ¿qué es eso que nosotros estamos sintiendo, que nos pueden gravar a nosotros y no queremos defendernos nosotros?
Hasta luego.
Julio Gerardo Moreyra - 26/03/2008 - 19:56 (#1)
"En cualquiera de los rubros de producción, Uruguay es ahora un país que no necesita proteger su producción con transferencias y subsidios del resto de la sociedad.

Esta realidad comprende ahora a todo el territorio y no se reduce a zonas de suelos o locación privilegiada."

Distinguidísimo expositor podría decirme como considera Ud. el Iva a las frutas y verduras.
Dicho sea de paso el rubro que dejando Rentas Generales y el BPS retira más recursos de la recuadación de la DGI.
Que mucha gente asegura que se le cobra a las grandes superficies como si eso justificara algo.
El IVA se paga cada vez que los productores uruguayos no producen y producen a un costo mayor que lo que se puede conseguir en el mercado internacional.
Si esto no es subsidio realmente me quedo confundido.
Y lo peor es que consiste en una enorme torta de dinero que se le entrega al MGAyP
Considerando por los precios que se están pagando lejos de beneficiar al consumidor lo están obligando a sostener una actividad que después de cinco años de promoción en lugar de erguirse cada vez esta más frágil porque cualquier cerrazón ya se disparan los precios.
Es increible como los tecnócratas de este país ignoran asuntos domésticos.
Bueno, increible, no es.
El asunto que sus productivos ingresos están asegurados al igual que sus aranceles más allá de cualquier tormenta.
Julio Gerardo Moreyra - 26/03/2008 - 16:47 (#0)
AdsBot - 22-11-2008 - 15:06 (#2)
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